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De transiciones, resistencias y alternativas a la extracción de litio en Catamarca, Argentina

Artículo de la Asociación Be.Pe. para https://yestolifenotomining.org/es/

Con frecuencia escuchamos hablar de que la “transición energética” es imperiosamente necesaria para reemplazar los combustibles fósiles por otras fuentes de energía que permitan reducir las emisiones de carbono, es decir, para descarbonizar la economía global. Sin embargo, esa “transición energética” no contiene las voces de buena parte de la población mundial, sino que es una propuesta del norte global, el principal responsable de que el planeta esté atravesando una crisis multidimensional sin precedentes. Además, esa propuesta tiene muchas limitaciones para ser considerada una transición, ya que implica un uso acumulativo de fuentes de energía. Las llamadas “energías renovables” se suman a las fuentes tradicionales, como lo demuestra el aumento en el consumo de petróleo a nivel mundial. De allí que hablemos de acumulación de fuentes de energía, más que de transición hacia “renovables y limpias”. Se trata entonces de falsas soluciones a la crisis climática, que implican una profundización de la extracción de materias primas en el sur global y, por ende, del colonialismo que ha marcado la tan vigente división internacional del trabajo. No hay ninguna propuesta de romper las lógicas capitalistas de acumulación ni el modo de vida imperial, por ende, no es más que capitalismo vestido de verde.

La llamada transición energética requiere, además, de enormes cantidades de minerales críticos, no sólo para las energías “renovables”, sino también para la fabricación de vehículos eléctricos, baterías, dispositivos móviles y digitales e industria bélica. Estos minerales -entre los que se destacan el litio, el grafito, el cobalto, el níquel, el manganeso y las tierras raras- son críticos o estratégicos por ser considerados esenciales para la seguridad económica y la defensa, y por tener cadenas de suministros vulnerables a interrupciones. Un dato importante en relación con estos minerales es el predominio de China tanto en la cadena de suministro como en el procesamiento y la fabricación de baterías, vehículos eléctricos y plantas eólicas y solares, que llevó a que países del norte global, principalmente la Unión Europea y Estados Unidos, desplegaran diversas estrategias para garantizar y diversificar el suministro, buscando romper la dependencia de “proveedores únicos”, es decir, del gigante asiático.

Si nos enfocamos en la Argentina, el mineral estratégico más destacado es el litio. La inclusión del país en el llamado “triángulo del litio” -junto con Bolivia y Chile- lo posiciona como uno de los principales extractores de ese mineral, considerado desde los poderes políticos como uno de los medios fundamentales de recaudación de divisas para engrosar las famélicas reservas del tesoro nacional. Esta consideración omite, por supuesto, los impactos irreversibles que la extracción de litio genera en ecosistemas muy frágiles y en los medios y modos de vida ancestrales.

La apuesta por la extracción de este mineral ha llevado a la Argentina a constituir la Mesa Nacional del Litio en 2021 entre tres provincias del norte del país, Catamarca, Salta y Jujuy, a las que se sumó el gobierno nacional, con el propósito de trabajar conjuntamente en su extracción y procesamiento. De esta manera, minerales críticos como el litio, y también el cobre, se convirtieron desde la mirada hegemónica en ejes claves para el “desarrollo” del país. Sin embargo, los pueblos saben que lo que ofrece la extracción minera no es desarrollo, sino destrucción de las posibilidades de reproducción de la vida.

La apuesta del gobierno de ultraderecha por la profundización de los proyectos extractivos en el país se evidencia con la aprobación del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), que otorga grandes beneficios a las corporaciones, principalmente extractivas, como reducción de impuestos y estabilidad fiscal por 30 años.

Si acercamos más el foco a la provincia de Catamarca, veremos que viene de una larga historia “minera”. El proyecto Alumbrera -primera explotación a cielo abierto del país, de cobre, oro y molibdeno ubicado en Belén- y la explotación de litio en el Salar del Hombre Muerto en Antofagasta de la Sierra, datan de 1997. El balance de casi 30 años de extracción nos muestra impactos profundamente negativos: en el norte de la provincia el litio secó un río, vital para las comunidades allí asentadas; y a su vez, la provincia nunca alcanzó el añorado desarrollo a través de la minería; muy por el contrario, luego de décadas sigue siendo una de las provincias más pobres del país. Tampoco se ha logrado la licencia social que buscan las empresas y pretenden los gobiernos. La resistencia al proyecto MARA (Minera Alumbrera Agua Rica), encabezada por la Asamblea El Algarrobo de Andalgalá, es una clara muestra de que la minería no tiene licencia social. La respuesta del gobierno y las empresas ante la resistencia ha sido desde hace décadas la persecución, la judicialización y la represión de esas voces opositoras.

En la última década y ante el boom de la extracción de litio “necesario para la transición”, el gobierno de Catamarca se ha empeñado en profundizar el adjetivo de “minera” al referirse a la provincia. Entre los muchos proyectos de extracción de ese mineral, se encuentra Tres Quebradas, en manos de la empresa china Zijin Mining y su subsidiaria Liex S.A., que opera en el salar del mismo nombre y posee la planta de procesamiento en el ingreso al municipio de Fiambalá, departamento de Tinogasta. Este proyecto, que entró en producción en 2025, se encuentra emplazado en el sitio de lagunas altoandinas y puneñas de Catamarca, reconocido bajo el Convenio Ramsar. Se trata de ecosistemas muy frágiles que ya están sufriendo los impactos de la extracción de salmuera de las lagunas, entre ellos desequilibrios hídricos, secado de humedales, descenso en el nivel de las lagunas, alteración del hábitat de la fauna y amenaza al pastoreo y la agricultura de comunidades que allí habitan.

Desde el punto de vista de los impactos sociales destacamos, a partir de la experiencia de Zijin, las formas diferentes de asentarse en el territorio de las empresas chinas, en comparación con corporaciones de otro origen. La penetración en la comunidad es muy fuerte y se traduce en injerencia político-social e invasión cultural, a través de la organización de eventos socio culturales, torneos, competencias deportivas y celebraciones, de convenios con instituciones educativas, del reemplazo del estado en muchas de sus funciones sociales, de la participación en instancias propias del poder político -como la apertura de las sesiones legislativas provinciales- y de la imposición de una presencia avasalladora de elementos culturales chinos.

Fotos de Be.Pe.: Carteles de «greenwashing» de Zijin Mining en Fianbalá, Argentina

A medida que la presencia de la empresa fue más abrumadora, se fue instalando en la población la idea de que se podía acudir a ella para satisfacer algunas necesidades, por ejemplo, conseguir materiales de construcción, camisetas para los clubes, elementos didácticos para las escuelas, insumos para hospitales.

Si bien las expectativas generadas por la presencia de la empresa en el territorio fueron muy grandes desde su instalación en 2016, varios conflictos y un corrimiento de la propia empresa comenzaron a atentar contra esas expectativas de una parte de la población. La ilusión de “progreso” fue sustituida por frustraciones ancladas en la demostración de que el “desarrollo” no vendría por ahí. Entre los conflictos merecen destacarse paros y cortes de ruta de trabajadores denunciando maltrato laboral y en reclamo de mejoras de las condiciones de trabajo y de aumento salarial, denuncias de violencia sexual y de abuso cometido por un trabajador de la empresa contra una empleada, reclamo por deudas a proveedores locales. El malestar social generado por estos conflictos y denuncias y el corrimiento de la empresa que, una vez instalada, limitó considerablemente el apoyo a proyectos comunitarios encuadrados en la responsabilidad social corporativa, llevó a un derrumbe gradual de las expectativas de mejoras en las condiciones de vida de la población local.

Sin embargo, no toda la población fiambalense estuvo convencida desde la instalación de la empresa de que con ella llegaría el anhelado desarrollo. La Asamblea Fiambalá Despierta viene denunciando desde 2016 que la minería, cualquiera sea, es sinónimo de destrucción de modos de vida y territorios. Las integrantes de la asamblea, en su mayoría mujeres, y las comunidades campesinas que habitan las localidades cercanas a Fiambalá saben que el “desarrollo” es otra cosa: defender las producciones agroecológicas, preservar e intercambiar las semillas nativas y criollas y no dejarse engañar con nuevos espejitos de colores que acompañan a las propuestas de transición energética del norte global. Sabemos muy bien lo que significa el saqueo y la destrucción de los bienes comunes. La historia es nuestra principal testigo.

Foto de BePe: Feria de semillas en Catamarca, que promueve las alternativas a la minería que ya existen, semillas que sustentan la vida

Referencias:

1. https://www.iea.org/data-and-statistics

2. Algunas de las protestas de vecinos y ecologistas contra la empresa, así como las denuncias sobre las malas condiciones laborales y la violencia que sufren las mujeres que trabajan allí, quedan documentadas en las siguientes entradas:         

https://www.facebook.com/watch/?v=2169052680572092

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La fiesta de quienes aman a la tierra: semillas para seguir viviendo en Catamarca

septiembre 17, 2026

Por Camila Parodi para Agencia Tierra Viva

Desde Fiambalá, Catamarca

La Feria Provincial de Semillas Nativas y Criollas de Catamarca nació en 2001 y se mantiene muy viva. Con una antesala de meses de trabajo, cada edición se concentra en un día especial: cuando familias campesinas intercambian semillas, alimentos, plantas, animales y producciones regionales. Pasaron 25 años y la feria no para de crecer. Este año se realizó en el paraje Los Nacimientos (Fiambalá) y contó con más de 200 puestos. Todo un símbolo frente al proyecto minero de litio Tres Quebradas, que está a pocos kilómetros. En un contexto de falta de trabajo y aumento del costo de vida, muchas familias producen alimentos con saberes que sostienen desde hace generaciones.

Un territorio de siembra y cosechas

Hace mucho frío en Los Nacimientos. Es la mañana del sábado 12 de septiembre, todavía falta un rato para que empiece formalmente la jornada y la gente se mueve rápido entre las mesas para terminar de armar los puestos y entrar en calor. Llegan camionetas con cajones, bolsas, botellas y plantines. Entre los algarrobos aparecen de a poco las mesas hasta ocupar buena parte del predio de la capilla.


La feria empezó varios días antes cuando jóvenes de la comunidad fueron al predio a limpiar y ordenar. Durante la jornada siguen pendientes de la logística: reciben a quienes llegan, buscan mesas, mueven sillas, indican lugares. La Asociación de Campesinos del Abaucán (Acampa) y Bienaventurados los Pobres (BePe) impulsan el encuentro desde sus primeras ediciones. La organización se sostiene también con familias de la zona, asambleas socioambientales, préstamos de mesas y camionetas, peñas, rifas y donaciones.

Este es el primer año de la feria sin don Máximo Chayle, miembro histórico de Acampa. Su nombre aparece temprano, antes de los discursos, mientras se terminan de acomodar los puestos. Doña Angélica lleva una caja chayera que él mismo le hizo y lo recuerda como “el dueño de estas tierras, el dueño de estos árboles”. Antes de cantar, mira a quienes están alrededor: “Yo digo que en este lugar estamos todos los mejores, los que amamos a nuestra tierra”.

Cuando los puestos ya están armados, aparecen maíces de distintos colores, porotos, semillas de flores y verduras, aromáticas, plantas de frutilla, frutales, papines de Belén y Santa María. Hay nueces, pasas, conservas, mermeladas, panes, alfajores de nuez, productos de algarroba y chañar, vinos, animales y artesanías.

Las escuelas de la zona tienen sus propios puestos y muestran lo trabajado durante el año. También hay trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), docentes, comunidades indígenas, organizaciones campesinas y asambleas que llegaron desde distintos puntos de Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero.

Durante toda la mañana se mantiene una regla de la feria: primero se intercambia. Una persona llega con semillas y pregunta qué necesita quien está del otro lado. Otra cambia una planta por comida. Se truecan desde alfajores, dulces, conservas y vinos hasta libros, remeras, bateas de madera y cestos de mimbre. Hay gente buscando alguna variedad que perdió hace años y familias que simplemente recorren hasta encontrar algo que les interesa. También circula información: cuándo sembrar, cuánto regar, cómo guardar una semilla, qué planta aguanta mejor la helada, de dónde salió ese maíz o cómo se prepara el chañar. En algunos puestos también se habla del agua que consume la minería de litio y se traman las estrategias para intentar frenarla.

Una feria que crece mientras Fiambalá cambia

La Feria Provincial de Semillas Nativas y Criollas se realiza todos los años en distintos parajes del Bolsón de Fiambalá. Quienes vienen desde hace tiempo dicen que cada año hay más puestos y más producción. Ese crecimiento coincide con una transformación rápida de Fiambalá. En 2021, la empresa china Zijin Mining avanzó en la adquisición del proyecto Tres Quebradas y en 2022 comenzó la construcción de sus instalaciones. Desde entonces, se observan más camionetas, trabajadores llegados de otros lugares y las expectativas laborales alrededor de la minería. En septiembre de 2025, Tres Quebradas inició la producción de carbonato de litio.

Hacia el comienzo de la jornada, Manuel Aguirre, de Acampa, agradece a quienes viajaron muchos kilómetros y a quienes trabajaron para hacer posible el encuentro. Habla de los pocos recursos disponibles para la agricultura familiar y de las ganas de organizarse que siguen, afirma, intactas.

También explica por qué eligieron Los Nacimientos. Allí sobrevive uno de los pocos bosques de algarrobo en galería que quedan en Catamarca. Alrededor del predio hay árboles grandes, algunos sanos y otros muy deteriorados. Manuel pide que los miren y que guarden sus semillas porque varios están muriendo. Habla de la sombra, de la algarroba, de la leña, de la madera y de lo que esos árboles aportan al suelo. Delante suyo están las mesas cargadas de producción.

Cuando falta trabajo, la tierra vuelve a aparecer

A medida que avanza la mañana, las bolsas con comidas y alimento cambian de manos y algunas mesas ya tienen menos cosas. Marcela Villagrán, presidenta de Acampa, mira la cantidad de gente y encuentra detrás de ese crecimiento una situación más dura. “Muchas familias ya no tienen trabajo”, cuenta. Dice que eso se nota y, ante la adversidad, volvieron a darle valor a la tierra, las semillas y las plantas. Este año vio más producción y más gente preparada para ofrecer algo: familias que retomaron parcelas, hacen conservas, panes, dulces y productos regionales.

Una planta de durazno puede terminar en fruta para la casa, dulce o algo para vender. Las nueces se transforman en alfajores. El chañar y la algarroba vuelven a aparecer en elaboraciones que durante años quedaron relegadas. Son conocimientos que ya estaban en las familias y que ahora vuelven a tener otro peso cuando los ingresos faltan.

Marcela también observa que cada año hay más intercambio. Eso sucede justo cuando el trabajo minero cambia de etapa. La construcción de Tres Quebradas movilizó empleo y servicios; con el proyecto ya en explotación, la cantidad y el tipo de puestos de trabajo son otros. En las mesas de Los Nacimientos, mientras tanto, siguen creciendo producciones familiares que cuentan con poco apoyo de los gobiernos y dependen mucho del trabajo de cada casa.

La producción que Fiambalá dejó de mirar

Elena Córdoba Vélez es colombiana y llegó a Fiambalá el mismo año en que se aprobó el proyecto minero. Junto a su pareja, Diego Amartino, tiene un emprendimiento que produce alimentos a partir de frutos de árboles nativos y silvestres. Habla rodeada de algarrobos.

Para explicar lo que pasó con la producción local, empieza por la vid. Hace falta podar, atar, regar, limpiar y esperar, en una zona donde el agua puede tardar meses en volver a una finca. Durante años, muchos productores recibieron precios muy bajos por la uva y hasta cobraron en cuotas. “Entonces también es como una forma de desanimar al productor”, dice.

Cree que faltó apoyo para transformar lo que ya se producía y buscar otras salidas. “Si se hubiese fortalecido la producción, la gente quizá también tendría otra mirada sobre lo que tiene y aprendería a valorarlo”, explica. Algo parecido ocurrió con el monte. Los algarrobales y chañares fueron durante mucho tiempo alimento y trabajo. Primero parte de los bosques nativos se cortó para acompañar el avance ferroviario; después siguió la leña y muchas prácticas de recolección fueron perdiendo lugar. “Nosotros traíamos la propuesta de ver el monte como alimento, no solo cortar para leña”, cuenta Elena. Define a Fiambalá como “el paraíso del chañar” y recuerda que antes las familias iban hasta Los Nacimientos con majadas de burros para buscar algarroba.

Hoy llegan personas desde otros lugares, recolectan frutos, los procesan y venden después sin decir que salieron de Fiambalá. Mientras Elena habla, a pocos metros se ofrecen mermeladas, alfajores y bebidas hechos justamente con esos frutos que de a poco se empiezan a revalorizar.

En los mismos años, la minería empezó a ocupar cada vez más lugar en la economía local. Primero llegaron las obras, las camionetas, los obradores y trabajadores de afuera. Después llegaron los turnos en la cordillera (de donde se extrae el mineral), el aumento de precios y alquileres y cambios dentro de las familias.

Los sueños como semillas

Cerca del mediodía los más chicos y chicas circulan por todo el predio. Conocen la dinámica, intercambian semillas, juegan a las bolitas y a la pelota, corren detrás de burbujas, dibujan y vuelven a los puestos cuando alguien los llama. Algunas escuelas muestran sus proyectos y producciones; otros ayudan a sus familias o van a mirar los animales.

Cuando se les pregunta por qué quieren para el lugar donde viven, las respuestas son muchas y variadas: quieren tener siempre frutales, aprender malambo o ser gauchos, ir más al campo con la familia, cuidar animales, jugar afuera, tener más propuestas en las escuelas y que siga la feria de semillas. Uno quiere seguir viviendo acá. Otra quiere que el río no deje de crecer para poder bañarse en él.

Más tarde, la coplera Cruz Farfán toma la caja y vuelve sobre el agua pensando en sus hijos y nietos. “Agua sana queremos, agua linda para tomar”, canta.

Para Farfán, cuando el agua viene contaminada se enferman las plantas y también las personas. Le preocupa el futuro de la vida humana, de quienes todavía no nacieron, por eso le habla a las infancias y tiende un puente con la copla para integrarlas.

En muchas casas el trabajo minero ya forma parte de la conversación cotidiana. Hay padres, hermanos y familiares que trabajan por turnos en la cordillera. Pero cuando los chicos y las chicas hablan de lo que quieren para el lugar donde viven no hablan de desarrollo ni minería, nombran lo cercano y querido: árboles, comida, animales, río, escuela, familia.

La feria de los abrazos

Karen Perea, de la Asamblea Fiambalá Despierta, se cruza en la feria con personas que muchas veces conoce de movilizaciones, reuniones y otras luchas. “Es importante rescatar estos encuentros y estos momentos en los que uno se abraza mucho, se conoce, sabe que lleva una lucha en los hombros que en estos lugares pesa menos”, dice la joven.

En Fiambalá la discusión por el litio atravesó amistades, familias y relaciones comunitarias. Hay quienes consiguieron empleo en la actividad minera y quienes vienen señalando sus impactos sobre el agua y el territorio. En un pueblo chico, esas posiciones no quedan afuera de la vida cotidiana: aparecen en las casas, en el trabajo, en la escuela y también en los vínculos de todos los días.

Por eso Karen valora que la feria abra otro tipo de encuentro: “Acá se ve lo que se produce, la forma que queremos vivir, el trabajo de todos los productores locales y de los no locales”. Entre semillas, alimentos y puestos familiares, las discusiones por el territorio se mezclan con otras cosas: cómo sostener una finca, cómo vender lo que se produce, cómo seguir viviendo en el lugar.

Karen explica que esas redes fortalecen a quienes vienen organizándose desde hace años. “Estamos muy firmes, con mucha convicción de que el futuro es ancestral”, resume recordando que esa convicción es la que une a comunidades y asambleas que viajaron desde otros territorios.

Como Aldo Flores, de la Asamblea El Algarrobo, que llegó desde Andalgalá. Sus coplas traen la experiencia de un territorio que hace años discute minería y agua. Canta sobre los cerros, los ríos y el uso del agua para extraer riqueza. “Si el agua es de todos, de todos y de nadie, árbol, bicho, humano, todos por iguales”, canta frente a quienes lo escuchan. La copla conecta lo que pasa en Andalgalá con las preocupaciones que también aparecen en Fiambalá: cuánto puede crecer una actividad si para hacerlo pone en riesgo las condiciones que sostienen a las demás.

“El territorio es uno solo”

Entre quienes llegaron a Los Nacimientos también está doña Guillermina Guanco junto a integrantes de su comunidad de la Unión Diaguita de Santa María. Cuando se le pregunta por la importancia de la feria, se va mucho más atrás que la historia reciente de Catamarca: “Esto ya venía desde hace 500 años. El trueque, ahora le dicen intercambio. Era el trueque”. Recuerda a las comunidades que bajaban con tejidos, pelones, algarroba y alimentos para cambiar por lo que necesitaban. Habla de su madre, su padre y, sobre todo, de su abuelo, a quien acompañó en la defensa del territorio. “Yo he pasado con mi abuelo cuando él defendía el territorio”, cuenta.

En esos días, la situación de Peñas Negras está muy presente. La comunidad diaguita del norte de Belén denuncia desde comienzos de septiembre nuevos intentos de ingreso de empresas mineras a su territorio para avanzar con tareas de exploración de oro y cobre, sin contar con su consentimiento ni con una consulta previa, libre e informada. La comunidad decidió impedir el paso y se declaró en alerta. Después llegaron los operativos policiales, las denuncias de hostigamiento, personas heridas y uso de gases.

Guillermina habla con esa situación todavía abierta y vuelve varias veces al agua, la biodiversidad y lo que hay que dejar para quienes vienen después. “Hay que seguir la lucha y ser firme y fiel”, dice. Sus palabras también chocan con un discurso provincial que suele presentar a las comunidades indígenas como acompañando de manera general el desarrollo minero, mientras conflictos como el de Peñas Negras muestran posiciones bastante más diversas dentro de los territorios.

También insiste en que para ella el territorio indígena no puede pensarse como pedazos separados: “El territorio es uno solo”. Mientras habla, en la feria siguen circulando semillas y alimentos entre comunidades que mantienen esos intercambios desde hace generaciones. Y a pocos kilómetros, otras discuten todavía quién puede entrar a sus tierras y decidir qué se hace en ellas.

El futuro también se siembra

Para la tarde la feria ya mostró su tamaño. Más de doscientos puestos, familias de varias provincias, escuelas, comunidades indígenas, productores y organizaciones. Quienes vienen desde hace años dicen que cada edición suma gente, productos y formas de intercambio. En ese mismo período, Tres Quebradas pasó de la construcción a la explotación y ahora proyecta ampliar su capacidad.

Las escalas son muy distintas. Una operación minera concentra capital, infraestructura y energía alrededor del litio; la feria reúne producciones dispersas entre fincas, cocinas, montes y corrales. Ambas forman parte del Fiambalá actual y crecen al mismo tiempo, aunque con recursos y apoyos muy diferentes.

Esa coexistencia aparece durante toda la jornada. Hay familias que dependen del trabajo minero y otras que volvieron a sembrar, criar animales o elaborar alimentos porque el empleo escasea. Muchas combinan varias de esas cosas. Por eso las conversaciones no entran fácilmente en un “a favor” o “en contra”: pasan por cuánto cuesta vivir, qué trabajos quedan, qué se puede seguir produciendo y cuánto alcanza el agua.

La preocupación que vuelve una y otra vez es qué lugar van a tener esas otras actividades si la minería sigue expandiéndose. Las fincas, los frutales, los animales y el monte necesitan tierra, agua y tiempo. Son condiciones básicas para buena parte de lo que este día circuló por la feria y para que las producciones puedan seguir existiendo más allá de una jornada de intercambio.

Este fue el primer año sin don Máximo Chayle y también el primero con Tres Quebradas ya en producción. La feria termina con música, como todos los años, bailando cueca, guaracha y chacarera mientras se desarman los últimos puestos. Las semillas que circularon durante la mañana seguirán viaje hacia otros patios, otras huertas y otros pueblos.

Edición: Darío Aranda

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TEJIENDO FERIAS: Feria de Semillas en Medanitos en la Feria del Libro en Tinogasta

El fin de semana del 15 y 16 de agosto participamos como Be.Pe. de la Primera Edición de la Feria del Libro de Tinogasta: “Tinogasta Cuenta”. Allí pudimos conocer la maravillosa producción literaria y artística del pueblo tinogasteño a través de presentaciones de libros, revistas, historietas, conferencias y talleres. La música también estuvo presente de la mano de destacados artistas de la cultura local. Todo esto fue acompañado por la calidez de quienes organizaron esta forma tan especial de festejar el cumpleaños de Tinogasta, que acaba de cumplir 313 años. Fue una experiencia de construcción colectiva en la que se entretejieron culturas de diversos orígenes: tinogasteña, catamarqueña y de varias provincias del país.

En esta flamante feria del libro nos tocó presentar otra propuesta fundamental: la 24° Feria de Semillas Nativas y Criollas, que tendrá lugar en Medanitos el próximo sábado 12 de septiembre. Así entretejimos ferias: las que sostienen la vida y la cultura de los pueblos.

Construyendo Futuro

Elegimos presentar la Feria de Semillas bajo el lema “Construyendo Futuro”, porque sintetiza un trabajo colectivo generador de una vida posible y deseable. En los tiempos que vivimos, atravesados por crisis que amenazan la continuidad de la existencia humana en el Planeta, las familias campesinas nos ofrecen una realidad concreta para construir esperanza.

Compartimos los ejes y propósitos que hacen posible la continuidad de esta experiencia:

1. Una experiencia de más de 20 años

La edición N° 24 de la Feria de Semillas Nativas y Criollas se llevará a cabo en el predio de la capilla de la Virgen de la Merced, en Medanitos. Esta realización implica una articulación constante con otras organizaciones e instituciones que valoran la importancia del intercambio y la muestra de la producción genuinamente campesina de la zona.

2. Nacida y criada por los pueblos del Bolsón de Fiambalá

Desarrollada en un territorio regado por el Abaucán (“Señor guerrero, defensor del Alto” en voz kakana), un río que nace en lo alto —allí donde el Apu Pillanhuasi (“casa donde se muele”) fue rebautizado como Pissis en 1885— y hace posible las cosechas de las comunidades. Es un territorio de dunas y pajonales que atestiguan la depredación colonizadora, pero donde también florecen las siembras cultivadas por descendientes de ancestralidades sabias, tesoneras y fecundas.

3. Una apuesta por la vida en proceso de crecimiento y diversificación

Esta iniciativa nació entre 1985 y 1987, en los inicios de nuestra asociación BePe, al encontrarnos con familias de Medanitos dispuestas a compartir y organizarse. Así surgió ACAMPA (Asociación Campesina del Abaucán) como una respuesta digna ante las causas estructurales de la pobreza. Desde entonces, en Be.Pe. continuamos acompañando y aprendiendo de la sabiduría de los pueblos ligados a la Madre Tierra: desde las primeras ferias en 2001, con los puestos improvisados sobre ponchos en el piso, hasta la participación de familias productoras de Belén y de todo el departamento Tinogasta.

Los propósitos que nos movilizan

ACAMPA y las comunidades se movilizan para rescatar y defender la semilla como fuente de producción y reproducción de la vida, la cultura y la historia.

  • Conocimiento ancestral: El intercambio de semillas año tras año recupera los saberes agrícolas tradicionales.
  • Prácticas agroecológicas: Permiten salir del monocultivo y evitar la dependencia del comercio de semillas diseñadas para el lucro de los poderosos.
  • Aprendizaje colectivo: Cada edición de la feria nos ayuda a caminar hacia futuros de vida digna.

Claves de nuestra Feria de Semillas

  1. Las semillas tienen una importancia vital: Forman parte de la cosmovisión, la fe y la espiritualidad de las familias del Abaucán. Son nativas y criollas, fruto de la relación entre la Tierra y el Cosmos con la intervención humana, albergando en su genética la memoria y la energía vital del alimento.
  2. Cada vez más autogestiva: Las organizaciones participantes asumen la feria como un espacio de producción colectiva. Durante la mañana, el espacio se dedica exclusivamente al intercambio de productos, propiciando un encuentro rico en saberes, inquietudes y sueños compartidos.
  3. Consolidada con mujeres productoras de vida digna: Las mujeres organizan las exposiciones, llevan la contabilidad comunitaria, transmiten los saberes a sus hijos e hijas y participan en el micrófono abierto transmitido por Radio Horizonte. Además, comparten la elaboración de manufacturas comestibles, textiles, de cuero y arcilla.
  4. Abierta a feriantes y visitantes de otras provincias: ACAMPA nació con vocación de articular y generar sinergias con delegaciones de Santiago del Estero, La Rioja, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Corrientes y Misiones, uniendo la fe de los pueblos a la lucha colectiva por la vida y resistiendo los sistemas de opresión.
  5. Espacio de encuentro y alegría compartida: Las juventudes participan activamente, demostrando que la última palabra la tienen los pueblos que recrean la vida a través de la poesía, la música y el baile.
  6. Reconocer a la Tierra como Madre: Implica desaprender mandatos coloniales, androcéntricos y racistas para volver a integrarnos con la Naturaleza mediante el culto a la Pacha y el canto coplero.
  7. Espiritualidad para la resistencia: Como nos decía Elena, de Tatón: “¡Tan chiquitas pero con tanta fuerza en su interior! Así podemos ser en nuestras comunidades: juntarnos como un puñadito de semillas para recuperar la vida abundante”. Las semillas en manos campesinas son una herramienta pacífica y potente frente al agronegocio y en defensa del agua.
  8. Caminar con la memoria de los inicios: Rendimos homenaje a pioneros de ACAMPA como Doña Dorila, quien nos abría su casa y encabezaba luchas y resistencias, y Don Máximo, de reciente partida hacia el Buen Vivir definitivo, quien nos enseñaba a respetar los Apus sagrados. Su legado sigue iluminando nuestro caminar para forjar un futuro posible y necesario.
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ENCUENTROS CREADORES DE VIDA Y DE FUTURO

En el Día de la Pachamama, organizaciones de Argentina, Brasil y Paraguay se reunieron en Aristóbulo del Valle, Misiones, un día después de la 29.ª Feria Provincial de Semillas, para fortalecer las capacidades políticas, organizativas y pedagógicas de referentes y organizaciones de la Triple Frontera comprometidas con la defensa de las semillas como patrimonio de los pueblos.[1]

Foto tomada de la nota publicada por el diario La voz de Misiones [1]

El encuentro contó con la participación de más de 800 personas integrantes de organizaciones de los tres países fronterizos.


Be. Pe. formó parte de este encuentro de articulación política, como organización que hace parte de la Red MAELA, el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe. Además del infaltable intercambio de experiencias y lecturas de contextos, el encuentro validó las prácticas agroecológicas y de economía social y solidaria como alternativas válidas para salir del sistema de muerte generado por el capitalismo colonial, patriarcal, extractivista.

La verdadera riqueza no está en el dinero ni en el sistema financiero inventado como fetiche para desvirtuar la realidad de la vida misma. La verdadera riqueza está en la alianza de los pueblos hechos Comunidades arraigadas a sus territorios. Verdaderas productoras de vida y de futuro. Alianza que tiene poder y memoria ancestral para devolvernos a la realidad de la vida: una emergencia maravillosa que brota de las relaciones entre el Cosmos, la Tierra y los Seres humanos y no humanos que de Ella nacemos.

Sólo reconociendo nuestro origen podemos construir futuro. Más que ‘sostenible’. Futuro digno de ser vivido. En este camino, el encuentro fue oportuno también para elaborar una planificación de articulación trinacional entre organizaciones guardianas de semillas, con otras dedicadas al desarrollo de la agroecología y a la creación de espacios comunitarios y territorializados.

Seguimos caminando por estas huellas heredadas de luchas ancestrales. Además, desde Be. Pe. nos comprometemos a seguir al lado de las organizaciones de Catamarca y de Santiago del Estero para que sean parte de la preparación del Encuentro Nacional de Agroecología de Brasil, que se realizará en Foz do Iguazú en junio del 2027


[1] Fuente: https://www.facebook.com/story.php?story_fbid=1515365267285488&id=100064360885231&rdid=lPNohWB43KIArtfM#

[1] Se puede ver en: https://www.lavozdemisiones.com/provinciales/feria-de-semillas-tierra-corpus-y-yerba-viejas-luchas-reaparecen-en-misiones/

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Proyectos de reforma del suelo y de la Ley de Tierras: las claves de un modelo de despojo y extranjerización

Bajo la premisa de la «inviolabilidad de la propiedad privada», una serie de reformas normativas buscan reconfigurar de manera integral la regulación del territorio nacional. La iniciativa abarca desde modificaciones clave al Código Civil y la Ley de Expropiaciones, hasta la flexibilización profunda de la Ley de Protección a las Tierras Rurales y la Ley de Manejo del Fuego.

A continuación, un desglose punto por punto de las modificaciones propuestas, sus trampas normativas y sus posibles consecuencias territoriales, ambientales y sociales.

1. Modificaciones a la Ley de Tierras y la Ley de Manejo del Fuego

Flexibilización en la Ley de Protección a las Tierras Rurales

  • Límites a la propiedad extranjera: Se elimina la prohibición de superar los topes de extensión por titular y el límite de nacionalidad (30%) dentro del cupo global. Asimismo, se suprimen la restricción de 1.000 hectáreas en la zona núcleo agrícola y las limitaciones sobre tierras ribereñas o adyacentes a cuerpos de agua.
  • Reducción de controles e información: Se disminuyen los requisitos de registro de datos sobre compradores extranjeros, dificultando la trazabilidad de los titulares reales.
  • Prohibiciones específicas: Se mantiene la restricción para que estados extranjeros o entidades con participación estatal adquieran la titularidad o posesión de tierras rurales.
  • Traspaso de competencias: Se delega en las administraciones provinciales la potestad de instrumentar restricciones adicionales.

La trampa de las modificaciones de «último momento»

Aunque se propuso un aumento del límite global de tierras rurales en manos extranjeras del 15% al 25% a nivel nacional y provincial, el cambio esconde una grieta normativa:

  • Falta de tope departamental: Al eliminar o prescindir de límites a nivel departamental, los distritos que ya superan ampliamente el 15% o 25% de extranjerización (coincidentemente zonas ricas en minerales críticos, hidrocarburos o recursos hídricos) no tendrán impedimentos para continuar vendiendo suelo, siempre que el promedio provincial o nacional se mantenga por debajo del tope global.
  • Zonas de frontera y cursos de agua: Se habilita la compra en zonas de frontera mediante autorización previa del Poder Ejecutivo y las provincias, al tiempo que se mantiene libre la adquisición junto a nacientes y espejos de agua.

Eliminación de restricciones en la Ley de Manejo del Fuego

  • Cambio de uso de suelo: Se remueve la prohibición de 60 años para cambiar el uso del suelo tras incendios en áreas protegidas, humedales, bosques nativos y vegetación general.
  • Desarrollos e inmuebles: Se elimina la restricción de 30 años para emprendimientos inmobiliarios o explotaciones agropecuarias post-incendio en áreas rurales fuera del ejido urbano.

2. Desalojos exprés y expropiaciones

  • Desalojos agilizados: Modificaciones al Código Civil para agilizar trámites de desalojo.
  • Expropiación restrictiva: Limitación de las facultades del Estado para declarar bienes de utilidad pública o gestionar el suelo con fines sociales o de desarrollo estratégico.

3. ¿A quiénes beneficia este marco normativo?

La desregulación apunta a favorecer la entrada de capitales trasnacionales y fondos de inversión globales. Entre los beneficiarios destacan iniciativas vinculadas al modelo de «ciudades chárter» (o ciudades de vanguardia), impulsadas por fondos de capital de riesgo como Pronomos Capital —fundado por Patri Friedman y respaldado por inversores tecnológicos como Peter Thiel—. Estos proyectos buscan establecer enclaves territoriales con gobernanza propia y al margen de la legislación ambiental y laboral del Estado nacional.

Este esquema cobra sentido al analizarse en conjunto con otras medidas del entramado legislativo:

  • La derogación o no prórroga de la Ley 26.160 (emergencia territorial indígena).
  • Reformas a la Ley de Glaciares.
  • El impulso al RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones).
  • La creación de la Unidad de Seguridad Productiva.

4. Consecuencias previstas

  1. Aumento del despojo y la conflictividad social: Agravamiento de los desalojos de familias campesinas y comunidades originarias de sus territorios ancestrales.
  2. Extranjerización de recursos estratégicos: Mayor concentración de la propiedad rural en áreas críticas con acuíferos, minerales y biodiversidad.
  3. Debilitamiento de la soberanía estatal: Disminución de las capacidades del Estado para planificar el territorio, preservar áreas protegidas y regular los recursos naturales.
  4. Presión sobre el precio de la tierra: Incremento exponencial del valor monetario del suelo en zonas productivas y mineras, desplazando economías regionales.

«La tierra no se vende, no se quema ni se desaloja: se defiende».

europ

Europa en busca de El Dorado de los minerales críticos

Patricia Agosto

Equipo Extractivismo y Géneros de Bepe

Mayo de 2026

El Dorado en el proceso de conquista europea

“Tierra incógnita colmada de oro”, “monarca bañado en oro”; con un contenido o varios, nació la leyenda de El Dorado, una tierra, un monarca, o ambas cosas, que atrajeron obsesivamente a los conquistadores españoles en su afán de acumular oro y otras riquezas. En “Las venas abiertas de América Latina”, Galeano se refiere a las razones de esa obsesión por los metales preciosos: “el oro y la plata eran las llaves que el Renacimiento empleaba para abrir las puertas del Paraíso en el cielo y las puertas del mercantilismo capitalista en la tierra. (…) El poder europeo se extendía para abrazar el mundo. Las tierras vírgenes, densas de selvas y de peligros, encendían la codicia de los capitanes, los hidalgos caballeros y los soldados en harapos lanzados a la conquista de los espectaculares botines de guerra (p. 30). Nació el mito de Eldorado, el monarca bañado en oro que los indígenas inventaron para alejar a los intrusos: desde Gonzalo Pizarro hasta Walter Raleigh, muchos lo persiguieron en vano por las selvas y las aguas del Amazonas y el Orinoco (p.31). La obsesión era tal que el texto náhualt preservado en el Código Florentino expresaba: “como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como que cierto es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo por eso, tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el oro” (p.36).[1]

La apropiación de metales preciosos fue un motor central del proceso de conquista y colonización de América, aunque no el único; la acumulación de tierras -plantaciones, latifundios- y la utilización de mano de obra gratuita -esclavitud, encomiendas, mitas- fueron otros.

De esa Europa -siempre eurocéntrica- protagonista de ese proceso, salieron voces críticas que asumieron el rol histórico de conquistadores que nunca perdieron: “Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los «continentes nuevos» para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre, entre nosotros, quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial” (Jean-Paul Sartre, 1961).[2]

Esa Europa que otorgaba “humanidad a sus habitantes” y que “abrazaba al mundo” no hizo más que instalar y perpetuar estructuras coloniales y neocoloniales de extracción de energía vital a través de la explotación minera y la producción agrícola de plantación.

El Dorado de los minerales críticos en tiempos de transiciones desde arriba

Hoy, siglos más tarde de los tiempos conquistuales de esa primera ola, el agotamiento de la extracción barata de combustibles fósiles ha llevado al Norte Global a acelerar la transición hacia fuentes renovables de energía, que tienen poco de renovables si consideramos que requieren ese tipo de combustibles y gran cantidad de minerales para su construcción. A la vez, desde esa propuesta no se cuestiona ni se propone modificar el sistema energético desigual, concentrado, privatizado y mercantilizado. Se trata de capitalismo vestido de verde a través del cual se mantiene la esencia del sistema: acumular, someter y dominar a través de la violencia explotadora.   

Esta transición “verde”, tecnológica y digital propuesta desde el Norte Global requiere de minerales críticos como el litio, el níquel, el cobalto, el grafito, el manganeso y las tierras raras, necesarios para la fabricación de baterías, principalmente para vehículos eléctricos, aparatos electrónicos, aviones y barcos de guerra.

Para asegurarse el suministro de esos minerales, muchos países del Norte Global han implementado diversas estrategias, y la Unión Europea es un ejemplo de eso: pactos verdes, creación de clubes de países compradores y proveedores de materias primas críticas, inversiones para enfrentar el cambio climático, sanción de una ley de materias primas fundamentales, implementación de asociaciones estratégicas y acuerdos comerciales. Todas estrategias consideradas indispensables por la UE ante la competencia global feroz por apropiarse de minerales críticos, buscando superar la enorme dependencia energética que tuvo respecto de Rusia y tiene respecto de China. En este sentido, Pérez[3] sostiene que “lo que más caracteriza a la Unión Europea es su rol de importadora por su alta dependencia energética, mineral e industrial del exterior que no deja de ser, en parte, resultado de la propia política expansiva y de deslocalización de las corporaciones europeas. En 2021, la UE tenía una dependencia energética del 55% y del 54% para minerales metálicos. La UE es importadora neta de tecnologías limpias con la excepción de los componentes de turbinas eólicas. Alrededor de una cuarta parte de los automóviles y baterías eléctricas y casi todos los módulos fotovoltaicos solares y celdas de combustible son importados, en su mayoría de China, aunque los vehículos eléctricos son producidos también por empresas europeas y de EE. UU. en territorio chino”.

Es El Dorado de los minerales críticos lo que busca la Unión Europea. Sin embargo, en este caso, sin mito ni leyenda. Los países proveedores de esos minerales existen y son bien conocidos por la Unión. Si las riquezas americanas sostuvieron el desarrollo capitalista europeo, hoy se pretende que sostengan la “transición energética” para ese continente y el resto del Norte Global. Es por estas razones que tenemos que seguir hablando de colonialismo y colonialidad. La transición propuesta por la Unión Europea y todo el Norte Global implica profundización del extractivismo en nuestros territorios y la ampliación de zonas de sacrificio entregadas a esas actividades extractivas, que implican despojo de los medios de vida para las comunidades locales y destrucción de los ecosistemas que los sostienen.  


[1] Galeano, Eduardo (2004). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores. https://www.corteidh.or.cr/tablas/r31206.pdf

[2] Prefacio a: Fanon, Frantz (1961/1999). Los condenados de la tierra. Editorial Txalaparta.

[3] Pérez, Alfons: ¿Quién lidera la ´revolución industrial verde´? Un análisis crítico de cinco años del Pacto Verde Europeo (23/06/2024). https://vientosur.info/quien-lidera-la-revolucion-industrial-verde-un-analisis-critico-de-cinco-anos-del-pacto-verde-europeo/

Lee el informe completo aquí:

JACHAL

En Jáchal, Argentina, la defensa del agua une a comunidades e iglesias frente al extractivismo

Comunidades cristianas y asambleas socioambientales se reunieron en San Juan para acompañar la lucha del pueblo de Jáchal, cuyo río está contaminado con mercurio proveniente de una mina de oro explotada por capitales extranjeros. La Iglesia Evangélica del Río de la Plata y la Fundación Hora de Obrar dijeron presente.

La carpa está ahí desde octubre de 2015. En la plaza central de la localidad sanjuanina de Jáchal, frente al edificio municipal, las familias hacían guardias las 24 hs hasta que irrumpió la pandemia. Desde entonces comenzaron a reunirse allí en para organizar las asambleas y para visibilizar la problemática de la contaminación que provoca la megaminería y en defensa del agua.

Adentro, un cartel: «El pueblo de Jáchal no se toca». Afuera, el río sin agua que da nombre a la ciudad, contaminado con mercurio desde que la mina Veladero —hoy operada por la canadiense Barrick Gold en sociedad con la china Shandong Gold— empezó a extraer oro en 2005. Los habitantes de Jáchal toman agua de otra cuenca, ubicada a 22 kilómetros. La del río, la que riega los cultivos, sigue cargando los derrames. Diecinueve, hasta hoy.

En esa carpa, símbolo de fe y resistencia, se reunieron a orar y hacer memoria de vida, de fe y de lucha, Pastorales católicas, comunidades franciscanas seglares, equipos de la pastoral indígena y de Hora de Obrar en el encuentro del Nodo Argentina de la Red de Iglesias y Minería. Distintas tradiciones, distintos territorios, una misma pregunta: ¿qué tiene que decir la fe frente a un modelo que sacrifica comunidades enteras por el lucro?

Un mapa que se está acelerando

El encuentro arrancó con un análisis del contexto que no esquivó nada. La presión sobre los llamados «minerales críticos» —litio, cobre, cobalto, tierras raras, todos concentrados en el sur global— y la guerra geopolítica que se está desplegando para controlarlos. El acuerdo entre Argentina y Estados Unidos firmado este año, cuyos documentos oficiales solo están disponibles en inglés. La Ley de Glaciares, reformada. El RIGI. Las exenciones impositivas a las mineras en San Juan y Catamarca, donde las empresas pagan la mitad del combustible y vacían pozos de agua sin costo, mientras los agricultores de la región están sin agua 1 de cada 3 días al año.

Lo que aparece, dicho con las palabras del encuentro, no es una transición energética sino su contracara: más extractivismo para sostener el mismo modelo de consumo, ahora con sello «verde». El auto eléctrico requiere seis veces más minerales que el convencional. La mina Vicuña, prevista para explotación en San Juan, consumirá un 115% de la energía eléctrica que consume hoy toda la provincia.

Daniel Funes, integrante de la Red en Mendoza, lo pone en términos teológicos directos: «Para las zonas desérticas como Mendoza, los glaciares son el útero de la vida de las comunidades. Defender las nacientes, defender las fuentes de agua, es defender la fuente de la vida. Sin agua no hay vida. Defender el agua es defender la vida.»

Viviana Vaca, de Neuquén, desarma la falsa dicotomía entre desarrollo y cuidado: «Un desarrollo no puede estar por encima de la vida de los pueblos ni de los territorios. Eso no es desarrollo. Estamos en Jáchal, donde el pueblo hace muchos años lucha contra una minera que contaminó el río. ¿Qué desarrollo trajo la minería en este caso?»

Iglesias dando testimonio público

El pastor Leonardo Schindler, presidente de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), envió un mensaje al encuentro. «Defender los derechos de la tierra es también defender los derechos de los pueblos. Hoy ustedes están cuidando, allí como en tantos otros lugares, aquello que no se puede renovar, que no se puede comprar con nada, y que necesitamos por siempre.»

El mensaje de la presidencia de la IERP y de la FAIE en este encuentro destacó y valoró especialmente el trabajo ecuménico conjunto frente a las injusticias, alentando además el testimonio público de la fe en defensa de la creación.

Zona de dignidad

El último día, frente a las personas que sostienen la vigilia, el pastor Jorge Weishein de la Fundación Hora de Obrar leyó el Salmo 121: «Al contemplar las montañas, me pregunto: ¿de dónde vendrá mi ayuda?». Y devolvió la pregunta a quienes estaban presentes.

«El pueblo en la Biblia comenzó a reunirse en carpas escapando de la opresión, buscando liberación. Y en esa experiencia a ese Dios le llamaron Yahvé, ´el Dios que está´. Y esta experiencia de ustedes nos vuelve a conectar con ese Dios que está en la lucha, que está en la calle, que da sentido a la vida que pasa.»

Una integrante de la asamblea de Jáchal le respondió: «Hasta hoy nos pensábamos como ‘zona de sacrificio’. Desde ahora vamos a llamarnos ‘zona de dignidad’.»

La activista Rosa Aráoz, de Catamarca, trajo una reflexión desde la ecoteología: «Somos tierra, somos agua, pertenecemos al mismo plan de la vida. La idea de progreso del capitalismo verde es una versión que nos lleva a la muerte. El verdadero progreso es mantener la vida, sostenerla. Y eso depende de cómo nos sentimos como comunidad viviente con otras comunidades vivientes humanas y no humanas.»

Una reflexión que resuena con una invitación a no mirar para otro lado

El encuentro de Jáchal nos recuerda que la diaconía de las comunidades sostiene desde hace tiempo, que la fe se encarna en territorios concretos, en cuerpos concretos, en aguas concretas. Que la defensa de la creación no es una agenda de moda sino el corazón de lo que significa cuidar la vida en la cual vivimos.

Frente al avance de un modelo extractivista que se está profundizando en nuestros territorios, sostenemos que las decisiones sobre los bienes comunes no pueden tomarse a espaldas de las comunidades que los habitan. Que la transición energética, si va a llamarse así, no puede sostenerse sobre nuevas “zonas de sacrificio”. Y que el ecumenismo, lejos de ser un gesto simbólico, es la condición concreta para sostener estas luchas en el largo plazo.

La carpa sigue ahí. La invitación es a no mirar para otro lado.

Publicado originalmente en Fundación Hora de Obrar.

Publicado desde Iglesias y Minerías

UAC

Unión de Asambleas de Comunidades: organización autónoma contra el extractivismo

mayo 8, 2026

Defensa y cuidado del territorio, horizontalismo y autogestión, memoria y construcción colectiva. Son algunas de las características de la Unión de Asambleas de Comunidades (UAC), espacio de encuentro y articulación de organizaciones socioambientales que cumplió veinte años de existencia. Autodeterminación, agroecología, cooperativismo y comunicación comunitaria.

Por Florencia Yanniello

Desde Córdoba

La Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) es un espacio de articulación que nuclea a asambleas y colectivos socioambientales de toda Argentina y de países vecinos. En los encuentros se habla de territorios o de regiones afectadas por la contaminación y de vecinos y vecinas que se organizan. Y, con su impronta autónoma y horizontal, celebró sus veinte años de construcción colectiva y territorial. El encuentro fue en Córdoba, donde hubo espacio para la memoria, balances y la planificación de acciones comunitarias.

La UAC se define en su página web como una “red de asambleas que defienden los bienes comunes, los territorios y la vida” y señalan que luchan “contra el saqueo y la contaminación, reafirmando la autodeterminación de los pueblos”. Aclaran que está integrada por “asambleas, grupos autoconvocados y organizaciones independientes de los partidos políticos y del Estado”.

Además de un objetivo central de encuentro, intercambio y coordinación de estrategias frente a los proyectos extractivistas, en la UAC importa mucho el cómo: las prácticas asamblearias, horizontales y autogestivas son prioridad. Más allá de las problemáticas que se abordan, para sus participantes se trata de “una escuela de formación y de militancia”, como la definió Carlos Gurvich, integrante de Movida Ambiental de Vicente López, provincia de Buenos Aires y participante de la UAC desde hace más de quince años.

“Siempre es muy reconfortante escuchar las voces que vienen con distintos cantitos, compartiendo las experiencias y luchas en cada uno de los territorios. La UAC tiene un recorrido muy importante, es un instrumento de lucha y a la vez un espacio energizante en donde circula mucho afecto y respeto”, agrega.

Foto: Juan Alaimes

Cuarenta encuentros

En el encuentro número 40, que se realizó del 1 al 3 de mayo de 2026, participaron alrededor de cien vecinos y vecinas de Salta, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Río Negro, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires y de Uruguay. Esta edición de la UAC tuvo una fuerte impronta de balance sobre estas dos décadas de trayectoria.

“Nos sentimos abrazados por les compas que viajaron desde distintos lugares, fue muy gratificante ser anfitriones de esta UAC histórica, la número 40 y el aniversario de los 20 años”, dice Marco D’Angelo, integrante de la Asamblea del Valle de Paravachasca. Con el cansancio y la alegría de haber sido organizadores, Alejandra Perisset, también integrante de la Asamblea local, agrega: “Fue muy importante encontrarnos y preguntarnos cómo venimos y cómo seguimos, para saber que no estamos solos y solas en esta. A la cuestión socioambiental le sumamos hoy las luchas de muchos otros sectores de trabajadores, de los cuales formamos parte, en un contexto de despidos y criminalización de la protesta”.

Durante el primer día se realizó una muestra de fotos sobre los 40 encuentros, para recordar los lugares que se recorrieron, las acciones que se realizaron y las personas que pasaron alguna vez por la UAC. En varios momentos se recordó con afecto a uno de los impulsores fundamentales de este espacio de asambleas, el periodista y militante ecologista Javier “El Gallego” Rodríguez Pardo (fallecido en 2015).

Fueron tres largas jornadas de trabajo y debate en grupos, talleres y dinámicas vinculadas al mapeo participativo a orillas del río Anisacate, entre sierras y valles.

En una gran ronda al aire libre, los y las participantes presenciaron una ceremonia de bienvenida al territorio comechingón por parte de comunidades indígenas locales. Entre sahúmos de romero, albahaca y ruda, circuló la palabra augurando un buen encuentro. También se realizó una actividad pública en la plaza Solares de la localidad de Alta Gracia, en una tarde soleada repleta de turistas, que incluyó radio abierta y banderazo. De a grupos, los y las asambleístas pasaron a contar en el micrófono las problemáticas de sus territorios e invitando a la comunidad a sumarse a participar.

Más tarde, hubo una peña con artistas regionales que le pusieron música y danza al segundo día. Sonaron chacareras, zambas y canciones de cantautoras locales comprometidas con la lucha socioambiental. Desde la organización desatacaron que participó mucha gente que se acercaba por primera vez al espacio y que volvieron a sumarse asambleas y grupos que hacía varios años no asistían.

Foto: Juan Alaimes

Una construcción ladrillo por ladrillo

En el encuentro número 40, la UAC volvió a Córdoba, en donde empezó la historia de este gran tejido comunitario. En julio de 2006 en Colonia Caroya, localidad ubicada en el departamento de Colón, se reunieron por primera vez asambleas socioambientales de distintos lugares del país. Esos grupos ya venían en sus territorios enfrentándose a la megaminería, a los monocultivos de soja, a las fumigaciones, a las plantas productoras de celulosa (las famosas “papeleras”) y a otros proyectos que en ese entonces se instalaban como un modelo de producción basado en la extracción masiva de bienes a gran escala para su exportación.

Javier Astrada, comunicador popular y brigadista cordobés, participó de ese primer encuentro y recuerda: “Fue el inicio de un momento importante de nuestro país, teníamos el desafío de lo que venía a generar la soja, los transgénicos, las fumigaciones. La primera UAC se hizo en el corazón de la sojización, en Colonia Caroya, y luego se hicieron otras en la provincia: cuando enfrentamos a Monsanto, en Malvinas Argentinas en 2015, también en Córdoba capital en 2009 y en Capilla del Monte en 2008”.

Con los años se sumaron otras problemáticas a la agenda de la UAC: el fracking petrolero, la contaminación industrial, los proyectos de infraestructura vinculados a las llamadas “rutas del saqueo” y los incendios forestales.

Heredera del 2001, de la crisis de representatividad y de la proliferación de asambleas barriales en Buenos Aires y los cascos urbanos más grandes, la UAC se nutrió del surgimiento de asambleas de vecinos y vecinas autoconvocados en las regiones en donde se había empezado a instalar la idea del extractivismo como horizonte para salir de la crisis económica en la que estaba sumergido el país.

Desde sus inicios y hasta el encuentro número 30 en Rosario en 2018, el nombre de la red fue Unión de Asambleas Ciudadanas, en sintonía con el clima de época en el que se fundó. Sin embargo, luego de varios debates, se cambió el nombre a Unión de Asambleas de Comunidades, contemplando que la idea de “ciudadanía” tiene una impronta individualista y el sentido de lo colectivo es una de las características centrales de la UAC.

Foto: Florencia Yanniello

Luego de dos décadas de existencia, en donde hubo momentos de mayor y de menor participación, se sostiene como uno de los espacios más importantes de activismo ambientalista en el país, ya que ininterrumpidamente desde 2006 se mantuvo como un espacio organizativo con encuentros periódicos para pensar y organizar la lucha, pero también para diseñar y construir otro modelo de sociedad a través de distintos proyectos alternativos de agroecología, cooperativismo y comunicación comunitaria.

“En estas dos décadas hubo cambios, entendimos que la lucha ambiental era socioambiental, que cada explotación del extractivismo implicaba también el cambio de vida de un pueblo, de una comunidad afectada. Y por supuesto, además de afectar a esas personas que vivían en ese lugar, se llevaba riquezas a otro lado”, destaca Javier Astrada que participó de numerosos encuentros. “También es interesante leer a la UAC como parte de la comunicación popular, alternativa y comunitaria. No es casual que donde se ha hecho una UAC o donde hay una asamblea, hay una radio comunitaria o comunicadores populares”, reflexiona.

La UAC tiene comisiones permanentes, integradas por participantes de las distintas asambleas que entre encuentro y encuentro sostienen, coordinan y organizan. Hay comisiones de Reflexión, Prensa, Arte, Educación, Antipatriarcal y de Legales. Además, es itinerante. En sus comienzos se hacían encuentros tres veces por año en distintas regiones, pero contemplando las dificultades económicas para viajar pasaron a ser dos encuentros anuales y actualmente es solo uno por año. Durante más de una década hubo, además, encuentros más pequeños por zonas entre los encuentros “nacionales”. Así se formaron las regionales NOA-Cuyo, Litoral, Buenos Aires y Patagonia.

“El valor fundamental del sostenimiento de estos 20 años es que se demuestra que una red de redes que defiende la autonomía política, la autogestión económica y la horizontalidad, es posible”, dice Marco D’Angelo, de la Asamblea del Valle de Paravachasca.

Y agrega: “La propuesta es poder pensar en construir algo distinto, una construcción ladrillo por ladrillo, en la asamblea del barrio, con les compañeres de laburo, con las personas con las que nos juntamos a hacer la crianza de les niñes. Todas esas opciones son viables y se congregan en la UAC a dialogar”.

Foto: Florencia Yanniello

Próxima estación: Uspallata

El último día del encuentro, en un numeroso plenario de cierre, en donde se puso en común el trabajo en grupos y se consensuaron y aprobaron propuestas, se eligió además la próxima sede para la UAC 41: la localidad de Uspallata, en Mendoza. La Asamblea por el Valle de Uspallata será la anfitriona en 2027, en ese territorio atravesado por el conflicto megaminero, luego de la reciente aprobación del proyecto PSJ Cobre Mendocino (ex proyecto San Jorge), ubicado en la cabeza de cuenca del río Mendoza.

“Uspallata es un pueblo que está en la cordillera mendocina que resiste desde el 2008 a la megaminería. Para nosotras, que venimos desde lejos, saber que acá hay gente que quiere cuidar el agua y el territorio nos da esperanza. Nos hace sentir poderosas, realmente, aunque no vamos a negar que tenemos miedo. Pero estar hoy acá es un bálsamo para la lucha”, expresaron integrantes de la asamblea de Uspallata en la radio abierta que se realizó en Alta Gracia.

“Si avanza la minera, la vida que tenemos hoy va a ser muy diferente, vamos a sufrir lo mismo que están sufriendo otras provincias, como Catamarca o San Juan. Sabemos que la megaminería no deja nada bueno en ningún lugar del mundo”, agregaron. Entre aplausos y gritos de apoyo, las asambleístas cerraron su intervención con un mensaje: “La lucha es de los pueblos y somos los pueblos los que podemos manejar nuestro destino. Cueste lo que cueste vamos a seguir. El agua de Mendoza no se negocia”.

Edición: Darío Aranda.

Foto de Portada: Florencia Yannniello

Fuente: Agencia Tierra Viva

indulto

Nos quieren convencer de que “La vida no vale nada” 50 años del golpe

Por Patricia Agosto

La vida no vale nada cuando otros se están matando
Y yo sigo aquí cantando, cual si no pasara nada

La vida no vale nada si ignoro que el asesino
Cogió por otro camino y prepara otra celada

Pablo Milanés, 1995

Foto de portada: Hacer Justicia

Nos toca rememorar los 50 años del golpe cívico-militar-eclesial del 24 de marzo de 1976, en medio de un escenario global que varixs cientistas sociales definen como apocalíptico, de fin del mundo y de la civilización humana, de amenaza de hundimiento y extinción de lo que conocemos. El filósofo surcoreano Chul Han nos advierte que en estos tiempos el miedo nos paraliza y la angustia nos aprisiona y encierra; la vida se ha reducido a la supervivencia, frente a una multitud de crisis que no podemos abordar. El futuro genera pánico porque es incierto y hay demasiados indicios que lo hacen tenebroso. A su vez, las democracias se resquebrajan y si alguna vez creímos que podían sostener ciertos derechos, está lejos de ser así. Como dice el sociólogo Lazzarato, las democracias capitalistas se vuelven fascistas, como lo demuestran los genocidios y las guerras, reconectando así con sus orígenes: nacieron marcadas por el genocidio indígena, la esclavitud y el racismo; y aquí agregamos por el patriarcado. En el mismo sentido, Franco “Bifo” Berardi, nos habla de un “sadismo político organizado”, producto del fin del capitalismo histórico como proyecto racional de la burguesía liberal. Según Bifo, estamos ante un escenario en el que predomina la ley de la fuerza y de la locura, donde se juega sin reglas.

Gaza fue un parteaguas. Para Maurizio Lazzarato, el genocidio en Gaza -y hoy podemos incluir la guerra en Medio Oriente- ha sido atravesado por una narrativa negadora de derechos humanos, del derecho internacional, de la antítesis entre democracia y dictadura; los horrores físicos y mediáticos de ese genocidio se inscribieron en lo “normal”, lo “natural”, lo “evidente” del capitalismo liberal, sin la mediación de los fascistas. «La excepción devino normalidad, el “nunca más” fue completamente borrado y su represión fue proclamada abiertamente», nos dice Lazzarato. A este contexto se suma otro perfil del desprecio por la vida: una avanzada de formas cada vez más extremas de mercantilización de la naturaleza y de ruptura de lazos comunitarios construidos ancestralmente. Entonces, estamos ante un capitalismo con muchos apellidos: colonial, patriarcal, extractivista, fascista, en el que “la vida no vale nada”.  

El escenario nacional no es mucho más alentador. En la Argentina estamos enfrentando recesión económica, retroceso profundo de derechos adquiridos y represión constante a toda expresión de la diferencia frente al oficialismo. Las batallas en las que se ha empeñado la derecha gobernante nos atacan por todos los frentes: trabajo, ambiente, educación y salud pública, seguridad social, cultura, y un aspecto que nos interesa resaltar y que abarca todos esos frentes es el “aniquilamiento” de la otredad. No es un invento de la ultraderecha gobernante por supuesto. La modernidad/colonialidad ha impuesto un sistema de clasificación social jerarquizado racial y sexualmente, en el cual hay identidades sociales y sexuales inferiores -indios, negros, pobres, mujeres, disidencias- y pueblos “otros, no europeos”, que deben ser subalterizadxs e inferiorizadxs.

Este sistema de jerarquización social se mantiene desde hace siglos porque es uno de los sostenes del capitalismo colonial y patriarcal. Y con la llegada del neoliberalismo, la sociedad occidental se volvió más fragmentada e individualista, a partir de la producción de una subjetividad hegemónica que no se piensa a partir del vínculo social ni de la idea de lo común, y que se contrapone a otras subjetividades que luchan contra esas múltiples opresiones y que creen que “ser” es en colectivo.

Desde que las ultraderechas comenzaron a tener protagonismo a nivel global, todo se profundiza. En palabras de Bifo, la mente colectiva colapsa por el predominio de una “psicosis nihilista”. La/el otrx desaparece o se construye como enemigx, al que hay que eliminar, real o simbólicamente. También se profundizan las mentiras y ocultamientos como estrategias políticas de estas ultraderechas en el poder, para intentar convencer a lxs no convencidxs y fogonear a lxs convencidxs.

Este es el contexto internacional y nacional en el cual se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura en la Argentina, la más atroz que hemos conocido en estas tierras y en muchas otras. Cuando Lazzarato nos dice que con el genocidio en Gaza se borró y reprimió el “nunca más”, la referencia a nuestra historia es inevitable. Esas dos palabras representan una decisión de gran parte de la sociedad argentina: que no se repita el terrorismo de estado y su metodología criminal, que se apropió de menores, secuestró, torturó, violó, desapareció y asesinó a toda persona incluida en la definición amplísima de subversiva, demostrando a cada paso que “la vida no valía nada”. Y hoy ese amplio porcentaje de la sociedad que defiende la memoria, la verdad y la justicia, avizora un peligro de impunidad.

El gobierno de ultraderecha de la Argentina se ha posicionado claramente en relación al tema: ha expresado un profundo negacionismo que justifica el terrorismo de estado y todas las atrocidades enmarcadas en crímenes de lesa humanidad imprescriptibles. Aproximándose el aniversario número 50 del golpe cívico-militar-eclesial, en los pasillos de los rumores se vuelve a escuchar la palabra indulto. Se prenden las alarmas y nos retrotraemos a los años 1989-1990, cuando el menemismo en el poder indultó a altos y medios mandos militares responsables del terrorismo de estado. En esa oportunidad 500.000 personas llenamos la Plaza de Mayo al grito de “No al indulto”.

Foto: Periódico Acción – Juan Quiles/3Estudio

Hoy pareciera ser un contexto “adecuado” para esa decisión que, según algunos medios, está siendo estudiada en diferentes aspectos: legal, político y comunicacional. Si bien todavía no es una decisión en firme, en caso de que así fuera, el anuncio se haría el 24 de marzo, expresando el negacionismo y golpeando duramente la lucha por la verdad histórica y la memoria colectiva. Este contexto “adecuado” lo es por varias razones. Por un lado, es un momento crítico de la economía argentina, con una recesión cada vez más evidente, y una medida de alto impacto político como los indultos desviaría la atención de esas evidencias recesivas. Por otro, las internas oficialistas son cada vez más abiertas, entre las que se destaca la que protagonizan el presidente y su vicepresidenta; una decisión de indultar militares podría quitarle votos a la vice que, desde la campaña electoral, se convirtió en una defensora acérrima y sin tapujos de los genocidas.   

Además de estas razones, que responden a las lógicas de la política interna, el contexto global, del que hablamos al principio, también es “adecuado”. Se trata de una crisis civilizatoria, con perfil de apocalipsis, que nos hace convivir con miedos paralizantes y augurantes de futuros inciertos, con una avanzada del “capitalismo fascista” que se apoya en un “sadismo político organizado”, atravesado por “la ley de la fuerza y de la locura”, que devenga en genocidios y guerras y en formas extremas de explotación y mercantilización de diversas expresiones de vida. Todo con una premisa: “la vida no vale nada”. La misma premisa del terrorismo de estado, un desprecio extremo por esas vidas “otras”.

A 50 años del golpe, no nos van a convencer de que “la vida no vale nada”. Y si continúan con ese empeño, seremos miles en las calles rechazando un indulto que atenta contra la memoria histórica y la búsqueda de justicia frente a lo que seguiremos llamando terrorismo de estado. 

8m

 “El desorden que dejas”: los impactos de la reforma laboral en la vida de las mujeres. Breves reflexiones un 8 de marzo

Por Patricia Agosto

La alusión al título de la novela de Carlos Montero responde a las consecuencias que la reforma laboral va a generar sobre el cuerpo y la vida de las mujeres. Esa “modernización” desordena la vida de lxs trabajadorxs, además de ampliar las formas de explotación y la vulnerabilidad de sus trabajos y sus vidas. Sin embargo, quienes más se verán perjudicadas son las mujeres, no sólo porque vivirán más profundamente sus impactos, sino porque la que podría ser ley no las “ve”. En la infinidad de artículos que posee se ignoran las situaciones que viven las mujeres dentro y fuera de su hogar. No se habla de cuidados y se desconoce que muchas son proveedoras de hogares con frecuencia monoparentales. La reforma las invisibiliza, aunque sean quienes sostienen la vida. Sin embargo, el revés de lo invisible es que sus impactos profundizarán esas desigualdades estructurales que se mantienen ocultas, tanto en la reforma, como en la doctrina libertaria que fue penetrando en parte de la sociedad.

Dos tablas muestran esas desigualdades estructurales. Los datos[1] corresponden a 2025, especialmente al segundo trimestre:


[1] Datos extraídos del INDEC, de los primeros resultados de la Encuesta Nacional sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social, del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (CENARSECS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y del informe 8M en perspectiva económica 2025, del Observatorio de Género del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

7 de cada 10 hogares monoparentales con jefa mujer están por debajo de la línea de la pobreza y 3 de cada 10 bajo la línea de indigencia.

Estas cifras son contundentes y muestran una realidad totalmente desigual. Sin embargo, la situación será mucho peor, ya que el ajuste que implica la reforma laboral recaerá con fuerza sobre las mujeres. Veamos las principales transformaciones que plantea la nueva ley y sus impactos en esa mitad de la población.

La existencia de bancos de horas y la flexibilidad de las jornadas laborales entrega la gestión del tiempo a los empleadores, que definirán los días, la duración y los horarios laborales. Así, el trabajo será acompañado de incertidumbre e imprevisibilidad, como también lo será el tiempo de descanso. Podríamos hablar de “ajenidad laboral”, el tiempo ya no será nuestro, no podremos decidir sobre él y la organización de nuestras vidas ya no estará en nuestras manos. A su vez, la crisis de los cuidados existente -según la encuesta de uso del tiempo, las mujeres dedican 6 horas y 31 minutos diarios a las tareas de cuidado y los varones 3 horas y 40 minutos diarios- se profundizará; tendremos que hacer malabares para saber en qué momentos realizaremos las tareas domésticas y de cuidado, que sabemos que siguen estando mayoritariamente en manos de las mujeres. Y tampoco podremos decidir sobre el tiempo dedicado a otras actividades: formarnos, reunirnos, militar, divertirnos, descansar. No sabremos cuándo será nuestro tiempo libre.

La incertidumbre también acompañará los ingresos familiares, no sólo porque no podemos prever la cantidad de horas trabajadas, sino porque las jornadas laborales se ajustarán a las necesidades de venta y producción de los empleadores y esto sólo lo definen ellos. Además, ya no se pagarán horas extras, que se diluyen en el banco de horas. Esta imprevisibilidad salarial, que necesariamente implicará reducción de ingresos, afectará principalmente a las trabajadoras que, como veíamos en las tablas, tienen trabajos más precarios, de menor jerarquía y más bajos salarios. Así, se ampliará la brecha salarial de género y se profundizará la dependencia económica de las mujeres.

La existencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) también impactará más en las mujeres. La quita del 3% de los aportes patronales a las jubilaciones, pensiones, moratorias y la Asignación Universal por Hijo (AUH), que irán a parar al FAL para pagar futuras indemnizaciones por despidos, afectará a quienes tienen las jubilaciones más bajas o que dependen de moratorias para jubilarse, que son las mujeres, las que a su vez reciben mayoritariamente las asignaciones familiares y la AUH -son el 70% de sus titulares-, como consecuencia de la desigualdad en el uso del tiempo que garantiza la reproducción de la vida.

El descanso también se fragmentará, ya que las vacaciones podrán ser fraccionadas en períodos mínimos de 7 días y otorgarse en cualquier momento del año. Serán las mujeres las encargadas de reorganizar la dinámica familiar al ser prácticamente imposible hacer coincidir los periodos de descanso de todos los integrantes de las familias, y más teniendo niñxs en edad escolar.

La salud también se verá afectada con la rebaja del 1% en los aportes patronales a las obras sociales, lo que llevará a que brinden menos servicios y obligará a lxs trabajadorxs a recurrir al quebrantado sistema de salud pública. Este deterioro en los sistemas de salud afectará particularmente a las mujeres, ya sea como trabajadoras de ese sector -en el que son mayoría-, o como las principales encargadas del cuidado familiar, que deberán utilizar más tiempo y energía en gestionar la atención propia y familiar en hospitales al borde del colapso. Este trabajo invisible de sobrecarga de los cuidados relacionados con la salud, también se refleja en la educación. La escolarización de lxs niñxs de las familias trabajadoras también recae sobre las mujeres, las que deberán organizarse a través de múltiples estrategias para afrontar esa tarea en medio de la incertidumbre de las situaciones laborales “reformadas”. Se trata de más trabajo no remunerado en los hogares, claramente feminizado.

Incertidumbre, imprevisibilidad y desorden en el trabajo y en la vida es lo que acompaña a la “flexibilización” de la reforma laboral. Se desordenan el tiempo de trabajo productivo y reproductivo, el salario, los descansos, las futuras jubilaciones; y las mujeres serán las principales afectadas. Sin embargo, hay algo más: la angustia que generan esa incertidumbre, esa imprevisibilidad y ese desorden. Todo se vuelve de una flexibilidad angustiante llena de interrogantes: ¿cuánto vamos a cobrar?, ¿cuándo podremos llevar a nuestrxs hijxs al médicx?, ¿en qué momento podremos descansar o hacer actividades recreativas o cualquiera que sea deseada o elegida? Y serán las mujeres las más angustiadas, porque esta “nueva” flexibilidad se suma a las múltiples brechas de desigualdad estructural que caracterizan al capitalismo patriarcal.

“El desorden que deja” la reforma laboral en los cuerpos y la vida de las mujeres es mucho, demasiado.