europ

Europa en busca de El Dorado de los minerales críticos

Patricia Agosto

Equipo Extractivismo y Géneros de Bepe

Mayo de 2026

El Dorado en el proceso de conquista europea

“Tierra incógnita colmada de oro”, “monarca bañado en oro”; con un contenido o varios, nació la leyenda de El Dorado, una tierra, un monarca, o ambas cosas, que atrajeron obsesivamente a los conquistadores españoles en su afán de acumular oro y otras riquezas. En “Las venas abiertas de América Latina”, Galeano se refiere a las razones de esa obsesión por los metales preciosos: “el oro y la plata eran las llaves que el Renacimiento empleaba para abrir las puertas del Paraíso en el cielo y las puertas del mercantilismo capitalista en la tierra. (…) El poder europeo se extendía para abrazar el mundo. Las tierras vírgenes, densas de selvas y de peligros, encendían la codicia de los capitanes, los hidalgos caballeros y los soldados en harapos lanzados a la conquista de los espectaculares botines de guerra (p. 30). Nació el mito de Eldorado, el monarca bañado en oro que los indígenas inventaron para alejar a los intrusos: desde Gonzalo Pizarro hasta Walter Raleigh, muchos lo persiguieron en vano por las selvas y las aguas del Amazonas y el Orinoco (p.31). La obsesión era tal que el texto náhualt preservado en el Código Florentino expresaba: “como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como que cierto es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo por eso, tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el oro” (p.36).[1]

La apropiación de metales preciosos fue un motor central del proceso de conquista y colonización de América, aunque no el único; la acumulación de tierras -plantaciones, latifundios- y la utilización de mano de obra gratuita -esclavitud, encomiendas, mitas- fueron otros.

De esa Europa -siempre eurocéntrica- protagonista de ese proceso, salieron voces críticas que asumieron el rol histórico de conquistadores que nunca perdieron: “Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los «continentes nuevos» para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre, entre nosotros, quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial” (Jean-Paul Sartre, 1961).[2]

Esa Europa que otorgaba “humanidad a sus habitantes” y que “abrazaba al mundo” no hizo más que instalar y perpetuar estructuras coloniales y neocoloniales de extracción de energía vital a través de la explotación minera y la producción agrícola de plantación.

El Dorado de los minerales críticos en tiempos de transiciones desde arriba

Hoy, siglos más tarde de los tiempos conquistuales de esa primera ola, el agotamiento de la extracción barata de combustibles fósiles ha llevado al Norte Global a acelerar la transición hacia fuentes renovables de energía, que tienen poco de renovables si consideramos que requieren ese tipo de combustibles y gran cantidad de minerales para su construcción. A la vez, desde esa propuesta no se cuestiona ni se propone modificar el sistema energético desigual, concentrado, privatizado y mercantilizado. Se trata de capitalismo vestido de verde a través del cual se mantiene la esencia del sistema: acumular, someter y dominar a través de la violencia explotadora.   

Esta transición “verde”, tecnológica y digital propuesta desde el Norte Global requiere de minerales críticos como el litio, el níquel, el cobalto, el grafito, el manganeso y las tierras raras, necesarios para la fabricación de baterías, principalmente para vehículos eléctricos, aparatos electrónicos, aviones y barcos de guerra.

Para asegurarse el suministro de esos minerales, muchos países del Norte Global han implementado diversas estrategias, y la Unión Europea es un ejemplo de eso: pactos verdes, creación de clubes de países compradores y proveedores de materias primas críticas, inversiones para enfrentar el cambio climático, sanción de una ley de materias primas fundamentales, implementación de asociaciones estratégicas y acuerdos comerciales. Todas estrategias consideradas indispensables por la UE ante la competencia global feroz por apropiarse de minerales críticos, buscando superar la enorme dependencia energética que tuvo respecto de Rusia y tiene respecto de China. En este sentido, Pérez[3] sostiene que “lo que más caracteriza a la Unión Europea es su rol de importadora por su alta dependencia energética, mineral e industrial del exterior que no deja de ser, en parte, resultado de la propia política expansiva y de deslocalización de las corporaciones europeas. En 2021, la UE tenía una dependencia energética del 55% y del 54% para minerales metálicos. La UE es importadora neta de tecnologías limpias con la excepción de los componentes de turbinas eólicas. Alrededor de una cuarta parte de los automóviles y baterías eléctricas y casi todos los módulos fotovoltaicos solares y celdas de combustible son importados, en su mayoría de China, aunque los vehículos eléctricos son producidos también por empresas europeas y de EE. UU. en territorio chino”.

Es El Dorado de los minerales críticos lo que busca la Unión Europea. Sin embargo, en este caso, sin mito ni leyenda. Los países proveedores de esos minerales existen y son bien conocidos por la Unión. Si las riquezas americanas sostuvieron el desarrollo capitalista europeo, hoy se pretende que sostengan la “transición energética” para ese continente y el resto del Norte Global. Es por estas razones que tenemos que seguir hablando de colonialismo y colonialidad. La transición propuesta por la Unión Europea y todo el Norte Global implica profundización del extractivismo en nuestros territorios y la ampliación de zonas de sacrificio entregadas a esas actividades extractivas, que implican despojo de los medios de vida para las comunidades locales y destrucción de los ecosistemas que los sostienen.  


[1] Galeano, Eduardo (2004). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores. https://www.corteidh.or.cr/tablas/r31206.pdf

[2] Prefacio a: Fanon, Frantz (1961/1999). Los condenados de la tierra. Editorial Txalaparta.

[3] Pérez, Alfons: ¿Quién lidera la ´revolución industrial verde´? Un análisis crítico de cinco años del Pacto Verde Europeo (23/06/2024). https://vientosur.info/quien-lidera-la-revolucion-industrial-verde-un-analisis-critico-de-cinco-anos-del-pacto-verde-europeo/

Lee el informe completo aquí:

JACHAL

En Jáchal, Argentina, la defensa del agua une a comunidades e iglesias frente al extractivismo

Comunidades cristianas y asambleas socioambientales se reunieron en San Juan para acompañar la lucha del pueblo de Jáchal, cuyo río está contaminado con mercurio proveniente de una mina de oro explotada por capitales extranjeros. La Iglesia Evangélica del Río de la Plata y la Fundación Hora de Obrar dijeron presente.

La carpa está ahí desde octubre de 2015. En la plaza central de la localidad sanjuanina de Jáchal, frente al edificio municipal, las familias hacían guardias las 24 hs hasta que irrumpió la pandemia. Desde entonces comenzaron a reunirse allí en para organizar las asambleas y para visibilizar la problemática de la contaminación que provoca la megaminería y en defensa del agua.

Adentro, un cartel: «El pueblo de Jáchal no se toca». Afuera, el río sin agua que da nombre a la ciudad, contaminado con mercurio desde que la mina Veladero —hoy operada por la canadiense Barrick Gold en sociedad con la china Shandong Gold— empezó a extraer oro en 2005. Los habitantes de Jáchal toman agua de otra cuenca, ubicada a 22 kilómetros. La del río, la que riega los cultivos, sigue cargando los derrames. Diecinueve, hasta hoy.

En esa carpa, símbolo de fe y resistencia, se reunieron a orar y hacer memoria de vida, de fe y de lucha, Pastorales católicas, comunidades franciscanas seglares, equipos de la pastoral indígena y de Hora de Obrar en el encuentro del Nodo Argentina de la Red de Iglesias y Minería. Distintas tradiciones, distintos territorios, una misma pregunta: ¿qué tiene que decir la fe frente a un modelo que sacrifica comunidades enteras por el lucro?

Un mapa que se está acelerando

El encuentro arrancó con un análisis del contexto que no esquivó nada. La presión sobre los llamados «minerales críticos» —litio, cobre, cobalto, tierras raras, todos concentrados en el sur global— y la guerra geopolítica que se está desplegando para controlarlos. El acuerdo entre Argentina y Estados Unidos firmado este año, cuyos documentos oficiales solo están disponibles en inglés. La Ley de Glaciares, reformada. El RIGI. Las exenciones impositivas a las mineras en San Juan y Catamarca, donde las empresas pagan la mitad del combustible y vacían pozos de agua sin costo, mientras los agricultores de la región están sin agua 1 de cada 3 días al año.

Lo que aparece, dicho con las palabras del encuentro, no es una transición energética sino su contracara: más extractivismo para sostener el mismo modelo de consumo, ahora con sello «verde». El auto eléctrico requiere seis veces más minerales que el convencional. La mina Vicuña, prevista para explotación en San Juan, consumirá un 115% de la energía eléctrica que consume hoy toda la provincia.

Daniel Funes, integrante de la Red en Mendoza, lo pone en términos teológicos directos: «Para las zonas desérticas como Mendoza, los glaciares son el útero de la vida de las comunidades. Defender las nacientes, defender las fuentes de agua, es defender la fuente de la vida. Sin agua no hay vida. Defender el agua es defender la vida.»

Viviana Vaca, de Neuquén, desarma la falsa dicotomía entre desarrollo y cuidado: «Un desarrollo no puede estar por encima de la vida de los pueblos ni de los territorios. Eso no es desarrollo. Estamos en Jáchal, donde el pueblo hace muchos años lucha contra una minera que contaminó el río. ¿Qué desarrollo trajo la minería en este caso?»

Iglesias dando testimonio público

El pastor Leonardo Schindler, presidente de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), envió un mensaje al encuentro. «Defender los derechos de la tierra es también defender los derechos de los pueblos. Hoy ustedes están cuidando, allí como en tantos otros lugares, aquello que no se puede renovar, que no se puede comprar con nada, y que necesitamos por siempre.»

El mensaje de la presidencia de la IERP y de la FAIE en este encuentro destacó y valoró especialmente el trabajo ecuménico conjunto frente a las injusticias, alentando además el testimonio público de la fe en defensa de la creación.

Zona de dignidad

El último día, frente a las personas que sostienen la vigilia, el pastor Jorge Weishein de la Fundación Hora de Obrar leyó el Salmo 121: «Al contemplar las montañas, me pregunto: ¿de dónde vendrá mi ayuda?». Y devolvió la pregunta a quienes estaban presentes.

«El pueblo en la Biblia comenzó a reunirse en carpas escapando de la opresión, buscando liberación. Y en esa experiencia a ese Dios le llamaron Yahvé, ´el Dios que está´. Y esta experiencia de ustedes nos vuelve a conectar con ese Dios que está en la lucha, que está en la calle, que da sentido a la vida que pasa.»

Una integrante de la asamblea de Jáchal le respondió: «Hasta hoy nos pensábamos como ‘zona de sacrificio’. Desde ahora vamos a llamarnos ‘zona de dignidad’.»

La activista Rosa Aráoz, de Catamarca, trajo una reflexión desde la ecoteología: «Somos tierra, somos agua, pertenecemos al mismo plan de la vida. La idea de progreso del capitalismo verde es una versión que nos lleva a la muerte. El verdadero progreso es mantener la vida, sostenerla. Y eso depende de cómo nos sentimos como comunidad viviente con otras comunidades vivientes humanas y no humanas.»

Una reflexión que resuena con una invitación a no mirar para otro lado

El encuentro de Jáchal nos recuerda que la diaconía de las comunidades sostiene desde hace tiempo, que la fe se encarna en territorios concretos, en cuerpos concretos, en aguas concretas. Que la defensa de la creación no es una agenda de moda sino el corazón de lo que significa cuidar la vida en la cual vivimos.

Frente al avance de un modelo extractivista que se está profundizando en nuestros territorios, sostenemos que las decisiones sobre los bienes comunes no pueden tomarse a espaldas de las comunidades que los habitan. Que la transición energética, si va a llamarse así, no puede sostenerse sobre nuevas “zonas de sacrificio”. Y que el ecumenismo, lejos de ser un gesto simbólico, es la condición concreta para sostener estas luchas en el largo plazo.

La carpa sigue ahí. La invitación es a no mirar para otro lado.

Publicado originalmente en Fundación Hora de Obrar.

Publicado desde Iglesias y Minerías

UAC

Unión de Asambleas de Comunidades: organización autónoma contra el extractivismo

mayo 8, 2026

Defensa y cuidado del territorio, horizontalismo y autogestión, memoria y construcción colectiva. Son algunas de las características de la Unión de Asambleas de Comunidades (UAC), espacio de encuentro y articulación de organizaciones socioambientales que cumplió veinte años de existencia. Autodeterminación, agroecología, cooperativismo y comunicación comunitaria.

Por Florencia Yanniello

Desde Córdoba

La Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) es un espacio de articulación que nuclea a asambleas y colectivos socioambientales de toda Argentina y de países vecinos. En los encuentros se habla de territorios o de regiones afectadas por la contaminación y de vecinos y vecinas que se organizan. Y, con su impronta autónoma y horizontal, celebró sus veinte años de construcción colectiva y territorial. El encuentro fue en Córdoba, donde hubo espacio para la memoria, balances y la planificación de acciones comunitarias.

La UAC se define en su página web como una “red de asambleas que defienden los bienes comunes, los territorios y la vida” y señalan que luchan “contra el saqueo y la contaminación, reafirmando la autodeterminación de los pueblos”. Aclaran que está integrada por “asambleas, grupos autoconvocados y organizaciones independientes de los partidos políticos y del Estado”.

Además de un objetivo central de encuentro, intercambio y coordinación de estrategias frente a los proyectos extractivistas, en la UAC importa mucho el cómo: las prácticas asamblearias, horizontales y autogestivas son prioridad. Más allá de las problemáticas que se abordan, para sus participantes se trata de “una escuela de formación y de militancia”, como la definió Carlos Gurvich, integrante de Movida Ambiental de Vicente López, provincia de Buenos Aires y participante de la UAC desde hace más de quince años.

“Siempre es muy reconfortante escuchar las voces que vienen con distintos cantitos, compartiendo las experiencias y luchas en cada uno de los territorios. La UAC tiene un recorrido muy importante, es un instrumento de lucha y a la vez un espacio energizante en donde circula mucho afecto y respeto”, agrega.

Foto: Juan Alaimes

Cuarenta encuentros

En el encuentro número 40, que se realizó del 1 al 3 de mayo de 2026, participaron alrededor de cien vecinos y vecinas de Salta, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Río Negro, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires y de Uruguay. Esta edición de la UAC tuvo una fuerte impronta de balance sobre estas dos décadas de trayectoria.

“Nos sentimos abrazados por les compas que viajaron desde distintos lugares, fue muy gratificante ser anfitriones de esta UAC histórica, la número 40 y el aniversario de los 20 años”, dice Marco D’Angelo, integrante de la Asamblea del Valle de Paravachasca. Con el cansancio y la alegría de haber sido organizadores, Alejandra Perisset, también integrante de la Asamblea local, agrega: “Fue muy importante encontrarnos y preguntarnos cómo venimos y cómo seguimos, para saber que no estamos solos y solas en esta. A la cuestión socioambiental le sumamos hoy las luchas de muchos otros sectores de trabajadores, de los cuales formamos parte, en un contexto de despidos y criminalización de la protesta”.

Durante el primer día se realizó una muestra de fotos sobre los 40 encuentros, para recordar los lugares que se recorrieron, las acciones que se realizaron y las personas que pasaron alguna vez por la UAC. En varios momentos se recordó con afecto a uno de los impulsores fundamentales de este espacio de asambleas, el periodista y militante ecologista Javier “El Gallego” Rodríguez Pardo (fallecido en 2015).

Fueron tres largas jornadas de trabajo y debate en grupos, talleres y dinámicas vinculadas al mapeo participativo a orillas del río Anisacate, entre sierras y valles.

En una gran ronda al aire libre, los y las participantes presenciaron una ceremonia de bienvenida al territorio comechingón por parte de comunidades indígenas locales. Entre sahúmos de romero, albahaca y ruda, circuló la palabra augurando un buen encuentro. También se realizó una actividad pública en la plaza Solares de la localidad de Alta Gracia, en una tarde soleada repleta de turistas, que incluyó radio abierta y banderazo. De a grupos, los y las asambleístas pasaron a contar en el micrófono las problemáticas de sus territorios e invitando a la comunidad a sumarse a participar.

Más tarde, hubo una peña con artistas regionales que le pusieron música y danza al segundo día. Sonaron chacareras, zambas y canciones de cantautoras locales comprometidas con la lucha socioambiental. Desde la organización desatacaron que participó mucha gente que se acercaba por primera vez al espacio y que volvieron a sumarse asambleas y grupos que hacía varios años no asistían.

Foto: Juan Alaimes

Una construcción ladrillo por ladrillo

En el encuentro número 40, la UAC volvió a Córdoba, en donde empezó la historia de este gran tejido comunitario. En julio de 2006 en Colonia Caroya, localidad ubicada en el departamento de Colón, se reunieron por primera vez asambleas socioambientales de distintos lugares del país. Esos grupos ya venían en sus territorios enfrentándose a la megaminería, a los monocultivos de soja, a las fumigaciones, a las plantas productoras de celulosa (las famosas “papeleras”) y a otros proyectos que en ese entonces se instalaban como un modelo de producción basado en la extracción masiva de bienes a gran escala para su exportación.

Javier Astrada, comunicador popular y brigadista cordobés, participó de ese primer encuentro y recuerda: “Fue el inicio de un momento importante de nuestro país, teníamos el desafío de lo que venía a generar la soja, los transgénicos, las fumigaciones. La primera UAC se hizo en el corazón de la sojización, en Colonia Caroya, y luego se hicieron otras en la provincia: cuando enfrentamos a Monsanto, en Malvinas Argentinas en 2015, también en Córdoba capital en 2009 y en Capilla del Monte en 2008”.

Con los años se sumaron otras problemáticas a la agenda de la UAC: el fracking petrolero, la contaminación industrial, los proyectos de infraestructura vinculados a las llamadas “rutas del saqueo” y los incendios forestales.

Heredera del 2001, de la crisis de representatividad y de la proliferación de asambleas barriales en Buenos Aires y los cascos urbanos más grandes, la UAC se nutrió del surgimiento de asambleas de vecinos y vecinas autoconvocados en las regiones en donde se había empezado a instalar la idea del extractivismo como horizonte para salir de la crisis económica en la que estaba sumergido el país.

Desde sus inicios y hasta el encuentro número 30 en Rosario en 2018, el nombre de la red fue Unión de Asambleas Ciudadanas, en sintonía con el clima de época en el que se fundó. Sin embargo, luego de varios debates, se cambió el nombre a Unión de Asambleas de Comunidades, contemplando que la idea de “ciudadanía” tiene una impronta individualista y el sentido de lo colectivo es una de las características centrales de la UAC.

Foto: Florencia Yanniello

Luego de dos décadas de existencia, en donde hubo momentos de mayor y de menor participación, se sostiene como uno de los espacios más importantes de activismo ambientalista en el país, ya que ininterrumpidamente desde 2006 se mantuvo como un espacio organizativo con encuentros periódicos para pensar y organizar la lucha, pero también para diseñar y construir otro modelo de sociedad a través de distintos proyectos alternativos de agroecología, cooperativismo y comunicación comunitaria.

“En estas dos décadas hubo cambios, entendimos que la lucha ambiental era socioambiental, que cada explotación del extractivismo implicaba también el cambio de vida de un pueblo, de una comunidad afectada. Y por supuesto, además de afectar a esas personas que vivían en ese lugar, se llevaba riquezas a otro lado”, destaca Javier Astrada que participó de numerosos encuentros. “También es interesante leer a la UAC como parte de la comunicación popular, alternativa y comunitaria. No es casual que donde se ha hecho una UAC o donde hay una asamblea, hay una radio comunitaria o comunicadores populares”, reflexiona.

La UAC tiene comisiones permanentes, integradas por participantes de las distintas asambleas que entre encuentro y encuentro sostienen, coordinan y organizan. Hay comisiones de Reflexión, Prensa, Arte, Educación, Antipatriarcal y de Legales. Además, es itinerante. En sus comienzos se hacían encuentros tres veces por año en distintas regiones, pero contemplando las dificultades económicas para viajar pasaron a ser dos encuentros anuales y actualmente es solo uno por año. Durante más de una década hubo, además, encuentros más pequeños por zonas entre los encuentros “nacionales”. Así se formaron las regionales NOA-Cuyo, Litoral, Buenos Aires y Patagonia.

El valor fundamental del sostenimiento de estos 20 años es que se demuestra que una red de redes que defiende la autonomía política, la autogestión económica y la horizontalidad, es posible”, dice Marco D’Angelo, de la Asamblea del Valle de Paravachasca.

Y agrega: “La propuesta es poder pensar en construir algo distinto, una construcción ladrillo por ladrillo, en la asamblea del barrio, con les compañeres de laburo, con las personas con las que nos juntamos a hacer la crianza de les niñes. Todas esas opciones son viables y se congregan en la UAC a dialogar”.

Foto: Florencia Yanniello

Próxima estación: Uspallata

El último día del encuentro, en un numeroso plenario de cierre, en donde se puso en común el trabajo en grupos y se consensuaron y aprobaron propuestas, se eligió además la próxima sede para la UAC 41: la localidad de Uspallata, en Mendoza. La Asamblea por el Valle de Uspallata será la anfitriona en 2027, en ese territorio atravesado por el conflicto megaminero, luego de la reciente aprobación del proyecto PSJ Cobre Mendocino (ex proyecto San Jorge), ubicado en la cabeza de cuenca del río Mendoza.

“Uspallata es un pueblo que está en la cordillera mendocina que resiste desde el 2008 a la megaminería. Para nosotras, que venimos desde lejos, saber que acá hay gente que quiere cuidar el agua y el territorio nos da esperanza. Nos hace sentir poderosas, realmente, aunque no vamos a negar que tenemos miedo. Pero estar hoy acá es un bálsamo para la lucha”, expresaron integrantes de la asamblea de Uspallata en la radio abierta que se realizó en Alta Gracia.

“Si avanza la minera, la vida que tenemos hoy va a ser muy diferente, vamos a sufrir lo mismo que están sufriendo otras provincias, como Catamarca o San Juan. Sabemos que la megaminería no deja nada bueno en ningún lugar del mundo”, agregaron. Entre aplausos y gritos de apoyo, las asambleístas cerraron su intervención con un mensaje: “La lucha es de los pueblos y somos los pueblos los que podemos manejar nuestro destino. Cueste lo que cueste vamos a seguir. El agua de Mendoza no se negocia”.

Edición: Darío Aranda.

Foto de Portada: Florencia Yannniello

Fuente: Agencia Tierra Viva

indulto

Nos quieren convencer de que “La vida no vale nada” 50 años del golpe

Por Patricia Agosto

La vida no vale nada cuando otros se están matando
Y yo sigo aquí cantando, cual si no pasara nada

La vida no vale nada si ignoro que el asesino
Cogió por otro camino y prepara otra celada

Pablo Milanés, 1995

Foto de portada: Hacer Justicia

Nos toca rememorar los 50 años del golpe cívico-militar-eclesial del 24 de marzo de 1976, en medio de un escenario global que varixs cientistas sociales definen como apocalíptico, de fin del mundo y de la civilización humana, de amenaza de hundimiento y extinción de lo que conocemos. El filósofo surcoreano Chul Han nos advierte que en estos tiempos el miedo nos paraliza y la angustia nos aprisiona y encierra; la vida se ha reducido a la supervivencia, frente a una multitud de crisis que no podemos abordar. El futuro genera pánico porque es incierto y hay demasiados indicios que lo hacen tenebroso. A su vez, las democracias se resquebrajan y si alguna vez creímos que podían sostener ciertos derechos, está lejos de ser así. Como dice el sociólogo Lazzarato, las democracias capitalistas se vuelven fascistas, como lo demuestran los genocidios y las guerras, reconectando así con sus orígenes: nacieron marcadas por el genocidio indígena, la esclavitud y el racismo; y aquí agregamos por el patriarcado. En el mismo sentido, Franco “Bifo” Berardi, nos habla de un “sadismo político organizado”, producto del fin del capitalismo histórico como proyecto racional de la burguesía liberal. Según Bifo, estamos ante un escenario en el que predomina la ley de la fuerza y de la locura, donde se juega sin reglas.

Gaza fue un parteaguas. Para Maurizio Lazzarato, el genocidio en Gaza -y hoy podemos incluir la guerra en Medio Oriente- ha sido atravesado por una narrativa negadora de derechos humanos, del derecho internacional, de la antítesis entre democracia y dictadura; los horrores físicos y mediáticos de ese genocidio se inscribieron en lo “normal”, lo “natural”, lo “evidente” del capitalismo liberal, sin la mediación de los fascistas. «La excepción devino normalidad, el “nunca más” fue completamente borrado y su represión fue proclamada abiertamente», nos dice Lazzarato. A este contexto se suma otro perfil del desprecio por la vida: una avanzada de formas cada vez más extremas de mercantilización de la naturaleza y de ruptura de lazos comunitarios construidos ancestralmente. Entonces, estamos ante un capitalismo con muchos apellidos: colonial, patriarcal, extractivista, fascista, en el que “la vida no vale nada”.  

El escenario nacional no es mucho más alentador. En la Argentina estamos enfrentando recesión económica, retroceso profundo de derechos adquiridos y represión constante a toda expresión de la diferencia frente al oficialismo. Las batallas en las que se ha empeñado la derecha gobernante nos atacan por todos los frentes: trabajo, ambiente, educación y salud pública, seguridad social, cultura, y un aspecto que nos interesa resaltar y que abarca todos esos frentes es el “aniquilamiento” de la otredad. No es un invento de la ultraderecha gobernante por supuesto. La modernidad/colonialidad ha impuesto un sistema de clasificación social jerarquizado racial y sexualmente, en el cual hay identidades sociales y sexuales inferiores -indios, negros, pobres, mujeres, disidencias- y pueblos “otros, no europeos”, que deben ser subalterizadxs e inferiorizadxs.

Este sistema de jerarquización social se mantiene desde hace siglos porque es uno de los sostenes del capitalismo colonial y patriarcal. Y con la llegada del neoliberalismo, la sociedad occidental se volvió más fragmentada e individualista, a partir de la producción de una subjetividad hegemónica que no se piensa a partir del vínculo social ni de la idea de lo común, y que se contrapone a otras subjetividades que luchan contra esas múltiples opresiones y que creen que “ser” es en colectivo.

Desde que las ultraderechas comenzaron a tener protagonismo a nivel global, todo se profundiza. En palabras de Bifo, la mente colectiva colapsa por el predominio de una “psicosis nihilista”. La/el otrx desaparece o se construye como enemigx, al que hay que eliminar, real o simbólicamente. También se profundizan las mentiras y ocultamientos como estrategias políticas de estas ultraderechas en el poder, para intentar convencer a lxs no convencidxs y fogonear a lxs convencidxs.

Este es el contexto internacional y nacional en el cual se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura en la Argentina, la más atroz que hemos conocido en estas tierras y en muchas otras. Cuando Lazzarato nos dice que con el genocidio en Gaza se borró y reprimió el “nunca más”, la referencia a nuestra historia es inevitable. Esas dos palabras representan una decisión de gran parte de la sociedad argentina: que no se repita el terrorismo de estado y su metodología criminal, que se apropió de menores, secuestró, torturó, violó, desapareció y asesinó a toda persona incluida en la definición amplísima de subversiva, demostrando a cada paso que “la vida no valía nada”. Y hoy ese amplio porcentaje de la sociedad que defiende la memoria, la verdad y la justicia, avizora un peligro de impunidad.

El gobierno de ultraderecha de la Argentina se ha posicionado claramente en relación al tema: ha expresado un profundo negacionismo que justifica el terrorismo de estado y todas las atrocidades enmarcadas en crímenes de lesa humanidad imprescriptibles. Aproximándose el aniversario número 50 del golpe cívico-militar-eclesial, en los pasillos de los rumores se vuelve a escuchar la palabra indulto. Se prenden las alarmas y nos retrotraemos a los años 1989-1990, cuando el menemismo en el poder indultó a altos y medios mandos militares responsables del terrorismo de estado. En esa oportunidad 500.000 personas llenamos la Plaza de Mayo al grito de “No al indulto”.

Foto: Periódico Acción – Juan Quiles/3Estudio

Hoy pareciera ser un contexto “adecuado” para esa decisión que, según algunos medios, está siendo estudiada en diferentes aspectos: legal, político y comunicacional. Si bien todavía no es una decisión en firme, en caso de que así fuera, el anuncio se haría el 24 de marzo, expresando el negacionismo y golpeando duramente la lucha por la verdad histórica y la memoria colectiva. Este contexto “adecuado” lo es por varias razones. Por un lado, es un momento crítico de la economía argentina, con una recesión cada vez más evidente, y una medida de alto impacto político como los indultos desviaría la atención de esas evidencias recesivas. Por otro, las internas oficialistas son cada vez más abiertas, entre las que se destaca la que protagonizan el presidente y su vicepresidenta; una decisión de indultar militares podría quitarle votos a la vice que, desde la campaña electoral, se convirtió en una defensora acérrima y sin tapujos de los genocidas.   

Además de estas razones, que responden a las lógicas de la política interna, el contexto global, del que hablamos al principio, también es “adecuado”. Se trata de una crisis civilizatoria, con perfil de apocalipsis, que nos hace convivir con miedos paralizantes y augurantes de futuros inciertos, con una avanzada del “capitalismo fascista” que se apoya en un “sadismo político organizado”, atravesado por “la ley de la fuerza y de la locura”, que devenga en genocidios y guerras y en formas extremas de explotación y mercantilización de diversas expresiones de vida. Todo con una premisa: “la vida no vale nada”. La misma premisa del terrorismo de estado, un desprecio extremo por esas vidas “otras”.

A 50 años del golpe, no nos van a convencer de que “la vida no vale nada”. Y si continúan con ese empeño, seremos miles en las calles rechazando un indulto que atenta contra la memoria histórica y la búsqueda de justicia frente a lo que seguiremos llamando terrorismo de estado

8m

 “El desorden que dejas”: los impactos de la reforma laboral en la vida de las mujeres. Breves reflexiones un 8 de marzo

Por Patricia Agosto

La alusión al título de la novela de Carlos Montero responde a las consecuencias que la reforma laboral va a generar sobre el cuerpo y la vida de las mujeres. Esa “modernización” desordena la vida de lxs trabajadorxs, además de ampliar las formas de explotación y la vulnerabilidad de sus trabajos y sus vidas. Sin embargo, quienes más se verán perjudicadas son las mujeres, no sólo porque vivirán más profundamente sus impactos, sino porque la que podría ser ley no las “ve”. En la infinidad de artículos que posee se ignoran las situaciones que viven las mujeres dentro y fuera de su hogar. No se habla de cuidados y se desconoce que muchas son proveedoras de hogares con frecuencia monoparentales. La reforma las invisibiliza, aunque sean quienes sostienen la vida. Sin embargo, el revés de lo invisible es que sus impactos profundizarán esas desigualdades estructurales que se mantienen ocultas, tanto en la reforma, como en la doctrina libertaria que fue penetrando en parte de la sociedad.

Dos tablas muestran esas desigualdades estructurales. Los datos[1] corresponden a 2025, especialmente al segundo trimestre:


[1] Datos extraídos del INDEC, de los primeros resultados de la Encuesta Nacional sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social, del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (CENARSECS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y del informe 8M en perspectiva económica 2025, del Observatorio de Género del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

7 de cada 10 hogares monoparentales con jefa mujer están por debajo de la línea de la pobreza y 3 de cada 10 bajo la línea de indigencia.

Estas cifras son contundentes y muestran una realidad totalmente desigual. Sin embargo, la situación será mucho peor, ya que el ajuste que implica la reforma laboral recaerá con fuerza sobre las mujeres. Veamos las principales transformaciones que plantea la nueva ley y sus impactos en esa mitad de la población.

La existencia de bancos de horas y la flexibilidad de las jornadas laborales entrega la gestión del tiempo a los empleadores, que definirán los días, la duración y los horarios laborales. Así, el trabajo será acompañado de incertidumbre e imprevisibilidad, como también lo será el tiempo de descanso. Podríamos hablar de “ajenidad laboral”, el tiempo ya no será nuestro, no podremos decidir sobre él y la organización de nuestras vidas ya no estará en nuestras manos. A su vez, la crisis de los cuidados existente -según la encuesta de uso del tiempo, las mujeres dedican 6 horas y 31 minutos diarios a las tareas de cuidado y los varones 3 horas y 40 minutos diarios- se profundizará; tendremos que hacer malabares para saber en qué momentos realizaremos las tareas domésticas y de cuidado, que sabemos que siguen estando mayoritariamente en manos de las mujeres. Y tampoco podremos decidir sobre el tiempo dedicado a otras actividades: formarnos, reunirnos, militar, divertirnos, descansar. No sabremos cuándo será nuestro tiempo libre.

La incertidumbre también acompañará los ingresos familiares, no sólo porque no podemos prever la cantidad de horas trabajadas, sino porque las jornadas laborales se ajustarán a las necesidades de venta y producción de los empleadores y esto sólo lo definen ellos. Además, ya no se pagarán horas extras, que se diluyen en el banco de horas. Esta imprevisibilidad salarial, que necesariamente implicará reducción de ingresos, afectará principalmente a las trabajadoras que, como veíamos en las tablas, tienen trabajos más precarios, de menor jerarquía y más bajos salarios. Así, se ampliará la brecha salarial de género y se profundizará la dependencia económica de las mujeres.

La existencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) también impactará más en las mujeres. La quita del 3% de los aportes patronales a las jubilaciones, pensiones, moratorias y la Asignación Universal por Hijo (AUH), que irán a parar al FAL para pagar futuras indemnizaciones por despidos, afectará a quienes tienen las jubilaciones más bajas o que dependen de moratorias para jubilarse, que son las mujeres, las que a su vez reciben mayoritariamente las asignaciones familiares y la AUH -son el 70% de sus titulares-, como consecuencia de la desigualdad en el uso del tiempo que garantiza la reproducción de la vida.

El descanso también se fragmentará, ya que las vacaciones podrán ser fraccionadas en períodos mínimos de 7 días y otorgarse en cualquier momento del año. Serán las mujeres las encargadas de reorganizar la dinámica familiar al ser prácticamente imposible hacer coincidir los periodos de descanso de todos los integrantes de las familias, y más teniendo niñxs en edad escolar.

La salud también se verá afectada con la rebaja del 1% en los aportes patronales a las obras sociales, lo que llevará a que brinden menos servicios y obligará a lxs trabajadorxs a recurrir al quebrantado sistema de salud pública. Este deterioro en los sistemas de salud afectará particularmente a las mujeres, ya sea como trabajadoras de ese sector -en el que son mayoría-, o como las principales encargadas del cuidado familiar, que deberán utilizar más tiempo y energía en gestionar la atención propia y familiar en hospitales al borde del colapso. Este trabajo invisible de sobrecarga de los cuidados relacionados con la salud, también se refleja en la educación. La escolarización de lxs niñxs de las familias trabajadoras también recae sobre las mujeres, las que deberán organizarse a través de múltiples estrategias para afrontar esa tarea en medio de la incertidumbre de las situaciones laborales “reformadas”. Se trata de más trabajo no remunerado en los hogares, claramente feminizado.

Incertidumbre, imprevisibilidad y desorden en el trabajo y en la vida es lo que acompaña a la “flexibilización” de la reforma laboral. Se desordenan el tiempo de trabajo productivo y reproductivo, el salario, los descansos, las futuras jubilaciones; y las mujeres serán las principales afectadas. Sin embargo, hay algo más: la angustia que generan esa incertidumbre, esa imprevisibilidad y ese desorden. Todo se vuelve de una flexibilidad angustiante llena de interrogantes: ¿cuánto vamos a cobrar?, ¿cuándo podremos llevar a nuestrxs hijxs al médicx?, ¿en qué momento podremos descansar o hacer actividades recreativas o cualquiera que sea deseada o elegida? Y serán las mujeres las más angustiadas, porque esta “nueva” flexibilidad se suma a las múltiples brechas de desigualdad estructural que caracterizan al capitalismo patriarcal.

“El desorden que deja” la reforma laboral en los cuerpos y la vida de las mujeres es mucho, demasiado.

mujeres1

“Encender la mirada”: Mujeres, minería y crisis climática

Por Patricia Agosto

“Es en el mirar donde el otro, la otra, lo otro aparece.

Y es en la mirada donde eso otro existe. (…)

No sólo importa qué o a quién se mire.

También importa desde dónde se mira.

Y elegir a dónde mirar es también elegir desde dónde. (…)

Depende hacia donde se mire y, sobre todo,

desde dónde se enciende la mirada”.

Subcomandante Insurgente Marcos, febrero de 2013

Reflexiones y normativas que invisibilizan

En una parte importante de las reflexiones sobre extractivismo minero y crisis climática no se miran -en el sentido zapatista- las mujeres; no se analizan las actividades extractivas y sus impactos con perspectiva de género. Se trata de un vacío contenido en el rostro patriarcal del capitalismo extractivista. Y es así a pesar de que las mujeres son las principales víctimas de los impactos del extractivismo y de la crisis climática en los territorios que habitan y de que se las pretende incluir como trabajadoras mineras y energéticas para demostrar que esas actividades se encaminan a superar las desigualdades de género.

Las mujeres no se mencionan en las legislaciones relacionadas con la minería y la energía, ni en la normativa sobre evaluaciones de impacto ambiental y social de los proyectos extractivos, siendo evidente que son las que más sufren las consecuencias ambientales, sociales, económicas y culturales de estos emprendimientos. Se vulneran sus vidas y sus cuerpos, a través del daño a su salud física y mental, los impactos emocionales, la ruptura de los procesos organizativos comunitarios y muchas veces de sus familias, la destrucción de la naturaleza y las diferentes formas de violencia que se ejercen sobre ellas para frenar la rebeldía que alimenta su defensa de la vida y los territorios. Para ellas, el supuesto desarrollo que pretenden imponer con la llegada de un proyecto minero o energético no puede ser tal si con él resquebrajan su ser, su sentir, su saber, su hacer. Destruyen, ni más ni menos, el sentido de la vida y del territorio que las hace “ser”. Saben, desde sus ancestralidades, que la minería y las energías, incluso las llamadas renovables, no son las posibilidades que permiten superar la crisis climática global ni salvar la economía de ninguna región. Y por supuesto, no ignoran -como se pretende desde la sesgada mirada del discurso oficial- que el Buen Vivir, el bienestar y la vida digna es otra cosa. Son alternativas a ese “desarrollo” lo que construyen, entretejiendo los hilos de la historia personal y colectiva con un presente y un futuro que aspiran sea antiextractivista, anticolonial, antipatriarcal y anticapitalista.

Unas de las que se hicieron mirar: mujeres zapatistas

Las mujeres defensoras de sus cuerpos y territorios han aprendido a mirarse y a hacerse mirar a partir de experiencias históricas y de las propias, esas que denuncian las violencias estructurales a que fueron y son sometidas y desde las que sostienen la reproducción de la vida. 

Entre las experiencias de la historia reciente nos interesa destacar la de las mujeres zapatistas, no sólo porque expresaron las violencias históricas que han sufrido las mujeres indígenas en el capitalismo, sino porque han denunciado y se han rebelado frente a las violencias a las que son sometidas en las propias comunidades indígenas.

Las mujeres zapatistas se rebelaron antes que las comunidades zapatistas. En marzo de 1993, casi un año antes de la rebelión zapatista del 1 de enero de 1994, hicieron pública la Ley Revolucionaria de Mujeres, la primera del Sistema de Justicia Autónoma Zapatista. La misma contiene una serie de demandas que refleja la opresión a la que fueron sometidas a partir de la imposición de un orden colonial, patriarcal y racista del proceso de conquista. Sufrieron la recolonización de sus cuerpos como una extensión del territorio conquistado y fueron despojadas de sus tierras, su lengua y su cultura (Barbosa y Rosset, 2023). Sin embargo, esa ley no refleja sólo las opresiones del poder colonial, sino las que se ejercen en las propias comunidades, a través de sus costumbres y sus legislaciones. Se trata de leyes que las encierran en el hogar y les impiden escoger marido, heredar tierras, aprender nuevos conocimientos, participar en las decisiones, todo reflejo del poder patriarcal que mira con “malos ojos” que una mujer indígena se haga promotora o se organice en cooperativas (Millán, 1997). Las demandas que contiene la ley son una interpelación a las comunidades indígenas en aquellos aspectos en los que la tradición y la costumbre se vuelven dominación, desigualdad y maltrato. Se trata de cuestionar las bases del ordenamiento patriarcal comunitario indígena (Millán, 1996). Enumeramos brevemente esas demandas: derecho a participar en la lucha revolucionaria, a trabajar y recibir un salario justo, a decidir el número de hijos que pueden tener, a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo, a la atención primaria de la salud, a la educación, a elegir su pareja y no ser obligada a contraer matrimonio por la fuerza, a no ser golpeada o maltratada físicamente -siendo los delitos de intento de violación o violación castigados severamente-, a ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias y todos los derechos y obligaciones que señalan las leyes y reglamentos revolucionarios.[1]


[1] https://enlacezapatista.ezln.org.mx/1993/12/31/ley-revolucionaria-de-mujeres/

Foto de portada: Heriberto Paredes

Lee el informe completo aquí:

Fig 1

¿De qué “transición” hablamos con las energías “limpias y renovables”?

Por Patricia Agosto

Mucho se habla de la necesaria “transición energética” para descarbonizar, es decir, reemplazar los combustibles fósiles por otras energías con el fin de reducir las emisiones de carbono. Sin embargo, la transición energética propuesta por el norte global tiene muchas limitaciones para ser considerada una transición. Implica un uso acumulativo de energía, ya que las llamadas “energías limpias” se suman a las tradicionales, como el petróleo, cuyo consumo no sólo se ha mantenido, sino que ha aumentado, tal como lo refleja el siguiente gráfico:

Es por eso que hablamos de acumulación de fuentes de energía, más que de transición hacia “renovables y limpias”.

A su vez, las energías llamadas renovables implican un uso excesivo de minerales, que implica una profundización del extractivismo de materias primas en el sur global, y por ende del colonialismo que ha marcado la tan vigente división internacional del trabajo.

En este sentido, “la Agencia Internacional de la Energía calcula que la extracción global de materias primas deberá multiplicarse por cuatro entre 2020 y 2040. Sin embargo, en el caso del litio se multiplicaría por 42, para el cobalto por 25, para el níquel por 21 y por 19 en el caso del manganeso. Este incremento de la demanda está directamente asociada a las tecnologías de descarbonización -turbinas eólicas, paneles fotovoltaicos, vehículos eléctricos, etc.- Sin embargo, es importante destacar que el incremento viene dado, sobre todo, por la transición hacía la movilidad eléctrica”.[1]


[1] Custodio, Claudia (2024). “Neocolonialismo en nombre de la descarbonización”. En: Revista ELA, Euskal Sindikatua. https://www.ela.eus/alda/neocolonialismo-en-nombre-de-la-descarbonizacion

Descarga el informe compleo aquí:

Foto: Agencia Brasil

CUMBRE DE LOS PUEBLOS EN BELÉM

UN GRITO AMAZÓNICO POR LA JUSTICIA CLIMÁTICA – Por Patricia Agosto

“El futuro sólo puede construirse con la voz de los pueblos”

Cúpula dos Povos

Entre los días 12 y 16 de noviembre, la ciudad de Belém do Pará, la metrópoli de la Amazonía brasileña, fue sede de la Cumbre de los Pueblos, un espacio de encuentro y articulación de organizaciones sociales de buena parte del planeta, que desde 1982 es “un grito de resistencia, un eco de voces silenciadas por la desigualdad”.

Esta cumbre se desarrolló en forma paralela a la 30° Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC), que culmina el 21 de este mes. Allí, representantes de países firmantes de la convención, organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, el sector privado y científicxs y expertxs evalúan el progreso en la lucha contra el cambio climático y toman decisiones para mitigarlo y adaptarse a sus impactos. Sin embargo, además de “evaluar” y “tomar decisiones”, principalmente “negocian” la implementación de algunas suaves decisiones -que después no cumplen- para abordar la crisis climática. No sólo siguen hablando de “cambio” climático, sino que proponen falsas soluciones alejadas de las medidas urgentes y necesarias que requiere el colapso climático y multidimensional que enfrentamos. Una parte importante de las propuestas no implican soluciones verdaderas, sino más bien mantener y/o profundizar un proceso de mercantilización de la naturaleza que avanza a pasos agigantados desde hace décadas y que nos ha traído hasta acá. A una semana de su inicio, la COP 30 muestra un estancamiento en los debates claves, dejando el abordaje de los asuntos más complejos para sus últimos días. Entre ellos, la obligación de la financiación del Norte Global, el fin de los combustibles fósiles y la aceleración de la reducción de emisiones, la transparencia en los compromisos climáticos y las medidas unilaterales de comercio. Tendremos que esperar hasta el final de la conferencia para saber si se tomaron decisiones contundentes en esos asuntos claves, aunque sabemos que “del dicho al hecho, hay un largo trecho”.

La otra cara de la moneda fue la Cumbre de los Pueblos, cuyo inicio coincidió con la llegada de flotillas amazónicas de indígenas, campesinxs y organizaciones urbanas y la ocupación de la Zona Azul -la de las negociaciones oficiales- por centenares de pueblos indígenas denunciando el silenciamiento de sus voces en las decisiones climáticas.

Con 25.000 inscripciones y la participación de más de 1000 organizaciones sociales a nivel global, las consignas de la Cumbre de los Pueblos retumbaron en los distintos espacios en que se desplegó: “No esperemos soluciones desde arriba. No son los expertos quienes salvarán el planeta”.  “El cambio real viene de quienes viven la realidad, de quienes conocen la tierra, el territorio y el pulso colectivo del futuro”. Fue, como tantas veces, un grito global por la justicia climática y por una transformación justa y solidaria en la que los pueblos sean protagonistas de las decisiones climáticas.

Desde el Comité organizador de la Cumbre, compuesto por 43 organizaciones, se propusieron seis ejes de convergencia que fueron debatidos durante su desarrollo: territorios y maretorios vivos y soberanía popular; reparación histórica y lucha contra el racismo ambiental; transición justa, popular e inclusiva; contra las opresiones interseccionales, en defensa de la democracia y el internacionalismo de los pueblos; ciudades justas; y feminismo popular. Todos estos ejes fueron atravesados por la convicción de que la llamada transición energética propuesta por el Norte Global, sus corporaciones y estados, no hace más profundizar las actividades extractivas en el Sur Global y por ende la relación desigual y colonial entre ambas partes del mundo.

Culminados los múltiples espacios de debate, el 15 de noviembre la Cumbre de los Pueblos salió a las calles de Belém y protagonizó la Marcha Global por el Clima, en la que participaron 70.000 personas con consignas embanderadas que retomaron esas convicciones: en defensa de la justicia climática, contra el racismo ambiental y por la participación en las decisiones de quienes sienten en sus propias vidas las consecuencias de la crisis climática. Con un protagonismo de los pueblos indígenas amazónicos y de los movimientos sociales del país anfitrión, era posible distinguir la diversidad de voces organizadas de diferentes partes del mundo, prevaleciendo las de América Latina y el Caribe.

El último día, el 16 de noviembre, la Cumbre de los Pueblos entregó la contundente Carta Final al presidente de la COP 30. Allí, son quince las propuestas que develan otro mundo posible: confrontar las falsas soluciones de mercado; que los pueblos participen y protagonicen la construcción de soluciones climáticas, reconociendo el conocimiento ancestral; que se delimiten y protejan las tierras y territorios indígenas y de otros pueblos y comunidades locales; que se implemente una reforma agraria popular y se promocione la agroecología como garantía de la soberanía alimentaria; que se termine con el racismo ambiental y se construyan ciudades justas y periferias dinámicas; que se efectúen la consulta directa, la participación ciudadana y la gestión popular de las políticas climáticas en las ciudades; que se terminen las guerras y se desmilitaricen los territorios; que haya reparaciones justas e íntegras por las pérdidas y daños infligidos a los pueblos por proyectos extractivos; que se visibilicen, valoren y se consideren trabajo las tareas de reproducción de la vida;  que la transición sea justa, soberana y popular; que se ponga fin a la exploración de combustibles fósiles; que las corporaciones y los más ricos paguen los costos de la degradación ambiental; que la financiación climática internacional no se canalice a través de instituciones como el FMI y el Banco Mundial, que profundizan las desigualdades entre el Norte y el Sur;  que se amplíe la protección de defensorxs que están siendo perseguidos, asesinadxs y desaparecidxs; y que se fortalezcan los instrumentos internacionales que defienden los derechos de los pueblos.

Con una exclamación final de “Pueblos del mundo, uníos”, la carta llama a la unificación de nuestras luchas y a la organización de los pueblos para enfrentar al enemigo común.

Culminando con un “banquetazo” en la plaza céntrica de la ciudad y habiendo convertido a Belém en la “capital de la justicia climática”, tal como lo proyectaba el Comité organizador, los caminos transitados en la Cumbre de los Pueblos demostraron que los pueblos dicen NO a los negocios del clima y SÍ a una transformación socioecológica y sistémica que los tenga como protagonistas.    

Foto: Lizbeth Hernández, Kaja Negra

Foto: Susi Maresca

“Un fantasma recorre el mundo”: China en la “transición energética” y su entramado en América Latina, Argentina y Catamarca

En un exhaustivo trabajo de investigación realizado por nuestra compañera Patricia Agosto, forma parte del Equipo de Extractivismo y Géneros de Be.Pe., se analizan las relaciones entre China y América Latina con un enfoque especial en la minería transnacional. El estudio, llevado a cabo en el marco del proyecto “Fortalecimiento de Comunidades y Organizaciones que Resisten a la Minería Transnacional en Catamarca, Argentina” y en colaboración con el Comité Católico contra el Hambre y para el Desarrollo- Tierra Solidaria (CCFD) busca arrojar luz sobre las implicaciones de las inversiones chinas en el territorio.

La investigación aborda temas como las transiciones desde arriba, los intereses de China en la región y las características de sus inversiones en el extranjero. También explora la mirada del gigante asiático sobre América Latina y cómo estas dinámicas afectan la vida de las comunidades.

Informe completo:

Feria de Semillas Nativas y Criollas: Un Encuentro de Comunidades

La XXIII Feria Provincial de Intercambio de Semillas Nativas y Criollas se llevó a cabo el sábado 6 de septiembre en la Escuela Secundaria Nº 68 de Medanitos, departamento de Tinogasta, Catamarca.
Organizado por la Asamblea de Campesinos del Abaucán (ACAMPA), FM Horizonte, Be.Pe., y la Escuela Secundaria N°68.
El evento se ha convertido en una tradición de la región como evento productivo y cultural.

En esta edición, la feria contó con la participación de alrededor de 200 productores campesinos/as pertenecientes a comunidades de diferentes localidades del Bolsón de Fiambalá, San Fernando del Valle de Catamarca, Ancasti, Paclín, Fray Mamerto Esquiú, Ambato, Belén y de las provincias de Santiago del Estero, La Rioja y Córdoba, que se reunieron para compartir sus experiencias y saberes de prácticas sobre la producción y el manejo de las semillas.

La Feria de Semillas Nativas y Criollas es más que un simple evento, es un ritual de encuentro que ha tejido lazos fuertes entre los miembros de la comunidad del Bolsón de Fiambalá extendiendo sus raíces a todo el territorio.
La experiencia de intercambio y encuentro es un espacio de resistencia donde se promueve la soberanía alimentaria y fortalece la producción y el consumo de alimentos que van de la tierra directamente a la mesa de cada familia y la preservación de las semillas Nativas y criollas.
Allí se reivindica la importancia de la cultura campesina e indígena resguardando la identidad y la tradición de las comunidades. Es un ejemplo de cómo la comunidad puede unirse para defender su derecho a la alimentación y a la tierra, lo que alimenta la memoria viva de los pueblos donde se celebra y se recuerda su riqueza cultural y su biodiversidad.

La jornada, además contó con un despliegue de números artísticos que incluyeron música y danza, que se inició al mediodía y continuó hasta el cierre del evento. Los/as participantes y asistentes disfrutaron de una variedad de expresiones artísticas que celebraron su identidad y creatividad.

En el lugar se hizo presente el Intendente de Fiambalá, Raúl Usqueda quien destacó la importancia de la realización de la feria para la comunidad.

La importancia y relevancia de este espacio de encuentro y promoción de la agroecología y la biodiversidad fue reconocida mediante declaración de interés parlamentario por la Cámara de Diputados.

Desde la Asociación Civil Be.Pe. nos sentimos orgullos/as y emocionados/as por seguir siendo parte de esta gran labor sosteniendo el valor de la semilla como símbolo de la vida y la memoria colectiva y siempre en manos de los/as productores como semillas de identidad y raíces de la comunidad.

“En el principio fue la semilla.
Raíz de la memoria colectiva, viva.
Alimento de los pueblos.
Donde todo comienza a andar…”