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MUJERES TRAMANDO PARA LA VIDA DIGNA

Un nuevo 8 de marzo

Por Patricia Agosto

Aquí y allá vemos mujeres entramándose para defender la vida digna. En el campo, en la ciudad, desde la historia, el presente y el futuro, crean tejidos de saberes, sentires y haceres. Y esas tramas se vienen construyendo desde lo más hondo de la historia, esa historia ignorada, ocultada, negada ante la que “vale”, que es la que se vive y relata en género masculino.

Cuando nos pusimos a bucear sobre los orígenes del 8 de marzo, nos hicimos algunas preguntas que pueden sintetizarse en la siguiente: ¿habrá muchas fechas y hechos históricos sobre los cuales haya tantas preguntas, tanta confusión y tantos mitos? Claramente la historia oficial en masculino no se iba a preocupar por seguir profundizando en hechos protagonizados por mujeres.

Desde otras ópticas, no creemos que sea imprescindible precisar tanto las fechas para entender la historia, o mejor dicho las historias, es decir, las distintas versiones que se escriben desde las múltiples voces que intervienen. Se trata de “contrahistorias” que rescatan los pasados vencidos y silenciados. Y es en ese sentido que las mujeres hemos aprendido que somos nosotras las que tenemos que encontrar esas contrahistorias y ser nosotras también las que precisemos, no el origen de una fecha determinada, sino los distintos hilos del entramado entre mujeres que nos llegan como susurros de nuestras ancestras. En el caso concreto del 8 de marzo se trata de los susurros, que en su momento fueron gritos, de esas obreras estadounidenses que luchaban por derechos laborales, esas socialistas europeas que reclamaban el voto femenino y los derechos de las mujeres y esas trabajadoras rusas que dieron el puntapié inicial de la revolución bolchevique con sus demandas de paz, pan y fin del régimen zarista.

No importa exactamente qué día ni qué año, ni tampoco importan las confusiones que se han generado en torno al 8 de marzo, lo importante es que todas esas mujeres, estando cerca o lejos, se enredaron contra el sistema capitalista y patriarcal que las negaba, las violentaba y las ocultaba. Y no sólo en el siglo XX por supuesto.

Las mujeres fueron sometidas a múltiples formas de opresión desde la prehistoria patriarcal de la humanidad, al decir de Rita Segato, y cuando se constituyeron las sociedades modernas/capitalistas/coloniales esas opresiones se profundizaron. Además en casi todas las culturas, las mujeres han tenido la responsabilidad de los trabajos de cuidado y de reproducción de la vida, como consecuencia de la división sexual del trabajo impuesta por el capitalismo patriarcal. Esos trabajos fueron considerados como no productivos, por no “contribuir” al proceso de acumulación capitalista, y situados en el ámbito “privado” y “personal”, como nos recuerda Federici.

La responsabilidad de reproducir la vida y de alimentar a sus familias y comunidades ha llevado a muchas mujeres a procurar la conservación y restauración de la naturaleza y es por eso que muchas de ellas se han transformado en defensoras de los territorios que son fuente de reproducción de la vida. Y así, conscientes o no, se convirtieron en ecofeministas, ya que asumieron que sin naturaleza no hay vida humana y que con opresiones no hay vida digna.

Y también han aprendido de las feministas comunitarias que lo que ocurra en los territorios afecta los cuerpos y que el cuerpo es el primer territorio de lucha y por lo tanto muchas de las luchadoras se convirtieron en defensoras de los territorios-cuerpos que crean y sostienen la vida familiar y comunitaria.

¿Qué traman las mujeres en estos tiempos de colapso civilizatorio, acrecentado por la pandemia? Vienen tramando resistencias y alternativas al capitalismo patriarcal,  colonial y pandémico desde las diferentes corrientes feministas y ecofeministas, desde las experiencias de la economía popular, social y solidaria, desde las prácticas que recuperan saberes sobre el cuidado de la naturaleza, la conservación de semillas nativas y de la biodiversidad, el aprovechamiento del agua y otros saberes agroecológicos. Se trata de alternativas que colocan la vida en el centro y recuperan una cultura del cuidado que las mujeres han cultivado pacientemente a lo largo de generaciones.

Son muchas las mujeres que vienen tramando para la vida digna, desde esa historia olvidada, desde esas voces acalladas, recuperando la memoria histórica en la que subsisten sus ancestras. Esas que construyeron el 8 de marzo y todas las que antes y después se rebelaron ante las múltiples formas de violencia implícitas en una concepción del mundo en la cual el Hombre y el Ser Humano son el centro y las mujeres y la naturaleza la periferia de la que se sirven para seguir sosteniendo la centralidad de la incesante acumulación.

Sin embargo, todas, las que luchamos y las que no, vamos valorizando lo que somos y lo que hacemos y aprendiendo que sin una transformación que coloque la reproducción de la vida y a las mujeres que la sostienen en el centro, no hay vida digna pero tampoco vida posible.

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El enorme arrecife en forma de rosa cuyo descubrimiento es un avance para la ciencia

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Latinoamérica necesita aplicar mejor sus conocimientos sobre desastres

Pese a que en América Latina las investigaciones sobre desastres climáticos han avanzado sustancialmente en las últimas dos décadas, los conocimientos generados no se usan para prevenir esos eventos.

La situación es aún más grave en aquellos países altamente vulnerables a desastres hidrometeorológicos y que no producen conocimiento científico, advierte un análisis bibliométrico de la producción de investigaciones sobre riesgo a inundaciones en la región.

La amenaza natural por inundaciones es un tema crítico en América Latina: representa el 45 por ciento de los desastres naturales y según el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, el aumento de las olas de calor marinas en América central y del sur “incrementará el riesgo de inundaciones costeras”.

Países como Brasil atraviesan una situación de emergencia producto de las intensas lluvias que están provocando grandes inundaciones, desprendimientos de rocas y ruptura de presas. Las inundaciones se concentran actualmente al sur del estado de Bahía (región Nordeste) y en varias partes del estado de Minas Gerais (Sudeste del país).

Los datos son alarmantes: según Defensa Civil del estado de Bahía hasta el 12 de enero se habían registrado más de 850.000 personas afectadas, de las cuales 27.000 se quedaron sin hogar y casi 60.000 han sido evacuadas. Además, hay 2 desaparecidos, 26 muertos y 523 heridos en lo que constituye la peor inundación de ese estado en 35 años.

Por su parte, el estado de Mina Gerais reconoce 374 municipios en situación de emergencia y desde octubre de 2021 –inicio de la temporada de lluvia– ha registrado 25 muertes, 26.492 evacuados y 4 mil personas sin hogar.

Las inundaciones en México aumentaron el año pasado respecto a 2020.
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COVID-19 agravó papel de las mujeres en manejo del agua

Por: Aleida Rueda

A pesar de que la gestión del agua para uso doméstico suele recaer en mayor medida en las mujeres, su rol en la gestión hídrica es poco valorado y, con la llegada de COVID-19, se volvió aún más desafiante.

Muchas de ellas, encargadas de buscar y proveer agua a sus hogares, tuvieron que traer el recurso para la limpieza, el lavado de manos y el cuidado de enfermos, desde lugares más distantes y hacinados, lo que aumentó su riesgo de agresiones y contagios por COVID-19. En sitios sin agua potable, ni facilidades como baños, excusados y productos sanitarios, mujeres y niñas también tuvieron un impacto en su higiene y salud menstrual.

“El cambio profundo consiste en dejar de ver la gestión del agua exclusivamente desde el aspecto técnico. Si le incorporamos el enfoque social, intercultural, de género, nos vamos a dar cuenta que el agua tiene un componente social y que en la medida en que lo podamos mirar como un bien común, permitirá la satisfacción de las necesidades de todas y todos”.

Brenda Rodríguez Herrera, Red de Género y Medio Ambiente, México

La pandemia también ahondó las desigualdades en la gestión del agua que han vivido durante décadas las mujeres de comunidades populares rurales y urbanas.

Para Brenda Rodríguez Herrera, integrante de la asociación civil mexicana Red de Género y Medio Ambiente (RGEMA), “la pandemia nos mostró más complicación para obtener agua de mejor calidad, ampliación de las jornadas de trabajo, y los mandatos o los roles de género más marcados con relación al cuidado y la atención de personas enfermas”, dijo a SciDev.Net.

Según datos del Instituto Internacional de Agua de Estocolmo (SIWI), las mujeres y niñas son las responsables de recolectar, administrar y proveer el agua en más del 80 por ciento de los hogares en los que el recurso no está disponible.

“UNICEF ha calculado que, en conjunto, las mujeres y las niñas suman más de 200 millones de horas al día recogiendo agua”, y reconoce que la recolección de agua, reduce la posibilidad de que se dediquen a la escuela, el esparcimiento o la búsqueda de alternativas para lograr su independencia económica.

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Acidificación y calentamiento de océanos afectan suministro marino

Por: Claudia Caruana

La acidificación de los océanos y el calentamiento global están interfiriendo con la forma en que los peces interactúan en grupos, lo que representa una amenaza a su supervivencia que podría afectar el suministro de alimentos marinos, advierten expertos.

Los ecosistemas marinos alrededor del mundo han mostrado un mayor dominio de las especies de aguas cálidas tras el aumento de las temperaturas del mar, con cambios paralelos en la composición de las capturas de peces desde la década de los 70, según un informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

Las actividades pesqueras en los ecosistemas marinos proporcionan alimentos, nutrición, ingresos y medios de subsistencia a millones de personas en el mundo, señala el IPCC. A nivel mundial, las capturas totales de peces oscilan entre 80 y 105 millones de toneladas anualmente, generando más de US$80.000 millones en ingresos, subraya el informe.

“Los peces muestran un comportamiento gregario y se agrupan en bancos, lo que los ayuda a conseguir comida y protegerse de los predadores”, explica Ivan Nagelkerken, profesor del Instituto de Medio Ambiente y de los Laboratorios de Ecología de los Mares del Sur y autor de un estudio sobre el efecto, publicado en Global Change Biology.

En condiciones controladas de laboratorio, los investigadores observaron cómo las especies interactuaban y se comportaban de nuevas maneras con los cambios de temperatura y la acidificación. Aunque el calentamiento y la acidificación son fenómenos diferentes, ambos actúan en detrimento de los ecosistemas marinos.

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Argentina: país modelo para descolonizar la paleontología

Para enfrentar el colonialismo que impera en la paleontología de América Latina, es necesario fortalecer regulaciones y comunidades científicas locales, pero también propiciar que la sociedad se apropie de su patrimonio paleontológico, como ha hecho Argentina, afirman especialistas de la región.

En un artículo publicado en Nature Ecology & Evolution, un grupo de paleontólogas revela, tras analizar miles de registros de fósiles archivados en la Base de Datos de Paleobiología (PBDB), que 97 por ciento de los datos sobre fósiles del mundo proviene de investigadores de Estados Unidos y Europa (especialmente Alemania, Reino Unido y Francia).

El estudio también muestra que la historia colonialista, sumada a factores socioeconómicos como el producto interno bruto, la seguridad, la educación, la estabilidad política y el dominio del inglés, favoreció a las naciones de ingreso alto para que investiguen y publiquen sobre fósiles de países menos desarrollados.

Se le conoce como ciencia paracaídas (parachute science), cuando investigadores, generalmente de naciones desarrolladas, “se dejan caer” en otro país para investigar, en este caso fósiles, en ese territorio y se van sin compromiso con la ciencia y la comunidad local.